sábado, 27 de abril de 2013

LA MARKGRAVE






El hombre cerró el libro. Miró a la joven que tenía ante él y tan solo le dijo:
-Es un mal trazado de la calle.Esa es la causa por la cual su domicilio no es verificable. Nada se puede hacer. Vive Ud. en el corazón de un laberinto.
La joven le saludó y salió por la vieja puerta giratoria, la que aún conservaba un vetusto cepillo vertical con unas ralas cerdas. El hombre no volvió a ver aquel rostro, hasta pasado un largo cuarto de siglo. Y cuando lo vió, adosado a paredes, autobuses, periódicos y magazines supo de inmediato que era el de aquella muchacha que había ido a protestar a la oficina de Correos, porque a su domicilio no llegaba correspondencia.


Ella era persona de certidumbres. De números concretos aplicados a las cuestiones mas inverosímiles. Si había algo que odiaba, que había odiado siempre era la pobreza. El maloliente reino del deterioro. El hartazgo de su juventud había quedado esbozado en una de aquellas regiones dominadas por un sistema que condenaba la propiedad privada y donde año tras año se daban a los habitantes un ajustado equipo de ropas de vestir que incluía dos camisetas de algodón tan frágil, que a la segunda vez que se lavaban, comenzaban a mostrar carrerillas a lo largo del jersey. Ella odiaba aquellos agujeros en ciernes. Se sentía vulnerada por el sistema. Condenada a reprimirse por aquellos espacios como bocas sarcásticas adheridas a la tersura de su propia piel. Eran esas bocas ridículas de sus camisetas, las que opacaban la brillantez que imaginaba brotando por todos sus poros, capaz de lograrlo todo.

Aprendió - como ciertos ejemplares de la huerta familiar - a adaptarse a los fríos intensos, las escarchas, los hielos acumulados. Se las ingeniaba para surgir indemne, rozagante, pletórica.
Para cuando ingresó en la política, ya llevaba muchas millas acumuladas en los recintos de los edificios estatales. La eficiencia era su marca. Había aprendido a escuchar. A tragarse las palabras que su propia mente le dictaba en oposición a los otros. Quizá de aquél reiterado ejercicio de contención tuvo decidido cuales pasos dar. Ella era una experta en dar saltos, porque para eso había nacido en un año del Caballo. Cada uno de los saltos que fue calculando en su carrera, la ubicaron en el lugar exacto que ella habia previamente elegido. Para entonces ya se habia incorporado unas cuantas frases salpicadas con pinceladas de humor que se ajustaban a sus miradas picaronas. Comprobó que la gente la seguía. Que iba despertando confianza. Y para quienes aún se mantenían a la distancia, ella nunca dejaba de acercarse y saludar a esas personas ejerciendo una suave presión en el antebrazo, para comunicar su simpatía.

La oportunidad se presentó casi precipitadamente. El anterior Markgrave – que no habia logrado reponerse de la pérdida de su Ministro de Exteriores – fue tentado por un tratado de tan fuertes alcances en materia económica, que, no dudó un instante resignar su poder - su fortísimo poder - para dedicarse a diseñar una de las obras portadoras de energía mas ambiciosas de que se tuviera noticia. El Markgrave era no un ícono. Diez, cien íconos. Tan fuerte era su influencia en todas las capas sociales del País.

No fue fácil derrotarlo.Los cómputos finales eran como una de esas faldas que no llegan a cubrir las rodillas, pero delatan a quien las mira, la belleza de unas piernas. Unas rápidas elecciones la llevaron al pináculo del poder. No obstante el alto precio quedaba reflejado en los miembros del Congreso, donde el anterior Markgrave continuaba liderando una mayoría que muy difícilmente ella iba a poder aplicar el peso de sus tacones.


Llevaba menos de 36 meses ejerciendo su comandancia, cuando una crisis nacida en pleno corazón de Londres llegó a las mismas costas de su mar Báltico. Los referentes bancarios mas cautelosos le llamaron para hacerle saber que acababan de sufrir pérdidas super millonarias. Primero empalideció. Luego se puso roja de furia. ¿Cómo? ¿Cómo era posible haber comprado a ciegas valores desregulados de procedencia inglesa? Los reunió a todos los presidentes de Bancos para la siguiente jornada, muy temprano.

Uno tras otro, en grupos, se presentaron a las 7.30 a.m. En el salón Bismarck.
-Señores, ya lo sé todo! Lo que les pido a cada uno que me aporte las cifras comprometidas en cada una de las entidades que representan.

El resto del discurso no fue traducido. Los banqueros salieron delgados, cenicientos, lúgubres. Algunos con manchas rojas cubriéndoles buena parte del rostro. Derrotados todos.
No bien obtuvo las cifras, los convocó nuevamente. “Señores, aquí no ha pasado nada. Nada debe trascender de las pérdidas habidas. Presionen a sus deudores, presionen fuerte, para que devuelvan el dinero a la mayor brevedad.
Países, empresas, son todos iguales. Para quienes no devuelvan en tiempo y forma habrá aumento de tasas y severas sanciones. Traducido a nuestra práctica política, no habrá transacciones para ninguno !”
 Nadie, absolutamente nadie se atrevió a contradecirla.
Algunos apelaron al ex Markgrave. La llamó. Le rogó con la mas convincente de las voces.
Ah, Ud. ! Usted siga haciendo gasoductos con sus amigos. En ello tendrá éxito. Pase buenas y merecidas  vacaciones!”
Luego el ex Markgrave diría a sus íntimos: “Me envió a freír mon-dongo!”


Las ventas de maquinaria pesada cayeron. La alta tecnología quedó en las naves de las grandes fábricas. Los inmensos  astilleros se conformaron con botar unos pocos veleros y unas embarcaciones destinadas a turismos en el río Sena. Los obreros fueron siendo despedidos en tandas de a cien, luego de a 500.
Los reports de los bancos eran cada vez peores. El sistema tributario estaba cayendo mes tras mes. Impuso rebajas de sueldos. Cuando los Sindicatos le pidieron audiencia los recibió con la mejor de sus sonrisas.
Estimados – les dijo – ya se todo cuanto me vienen a reclamar. La buena noticia es que si no recortamos sueldos, millones van a ser despedidos. Es algo o nada. No podemos pactar, no podemos prometer ninguna mejora. Mas aún. Estamos luchando por no tener que recortar muchos de los beneficios que la gente goza desde hace años. No se trata de una crisis NUESTRA. Esta es una crisis impuesta por países mas poderosos que nosotros. No pidan hambre, porque ya Uds. comieron bastante todos estos años” . Los Sindicalistas salieron casi tropezándose los unos con los otros, derrotados, contraídos por el peso de sus consciencias.

El punto X de aquel climax llegó con la caída de cotización de la moneda. El informe fue tan devastador, que tuvo que guardar cama 72 horas . De allí salió con la palabra exacta:AUSTERIDAD.
Con cada discurso enarbolaba la bandera de la AUSTERIDAD. Cada embajador, cada presidente de bloque, cada mandatario del grupo de países que se enrolaban en su misma área, fue arengado , adoctrinado, convencido que debía implantarse la AUSTERIDAD. Era tal su poder de convicción que los Ministros de Economía del país que fuera, salian de su presencia hipnotizados, felices, repitiendo cada uno : “Austeridad! Austeridad!”

La fiebre de la Austeridad lo fué copando todo. Ella rezumaba dia tras día una creciente alegría cimentada en la Austeridad que finalmente se imponía de norte a sur y de este a oeste.
Cuando examinó los números del primer mes, hizo una mueca que nadie supo interpretar. Al primer semestre, los números habian empeorado ostensiblemente. La gente había disminuído sus gastos. Ya casi nadie usaba el automóvil para transportarse. Quien no circulaba en bicicleta lo hacía en motociclos o en el transporte público. Ella misma se disfrazó una mañana y se subió a uno de los largos buses que recorrían sectorizados las cuadrículas de la capital. Se vió treinta años antes, viajando malamente en los trolebuses comunitarios de su pequeña ciudad donde casi siempre alguna campesina transportaba de forma disimulada un par de pollos o unas codornices para vender en la feria.Observó que casi nadie usaba el fino calzado de los lujosos shoppings. La gente se dejaba ver con zapatillas deslucidas y ajadas, y la indumentaria había vuelto a uniformarse, como en los años de su juventud,en su pueblo de fronteras. Sintió otra vez la mordedura de la miseria. Tragó saliva. Bajó del autobús y caminó hasta su despacho.

Economistas , Premios Nobel la visitaron. Le explicaron que la AUSTERIDAD no solo no mejoraría la situación, sino que la iba a empeorar mucho más. Le hicieron croquis, le mostraron los balances rojos de los bancos. Le hicieron ver las noticias de los países de la periferia. La gente que no podía pagar las cuotas de sus viviendas estaba siendo desahuciada.Cada día decenas de aquellas personas se suicidaban arrojándose al vacío desde sus balcones.
Tomó a uno de aquellos visitantes por una de sus mangas y mirándole fijamente le dijo:
-Ud. piensa que con todos estos argumentos suyos VOY A CAMBIAR DE RUMBO a este país, a este conjunto de naciones asociadas? NOOOOOO ! Grábeselo en su memoria. NOOOOOOO!
Y saliendo de la sala los dejó a todos en soledad.

Millones fueron quedando sin trabajo. Millones de niños dejaron de asistir a clase. Cientos de miles de profesores y maestros fueron dejados cesantes en las escuelas públicas. Aún tuvo el coraje de decir públicamente: “Los niños de ahora rechazan la escolaridad. No podemos tener Maestros ni Profesores en aulas vacías” para justificar los despidos. Paralelamente los Hospitales Públicos estaban llenos de enfermos. Ya no había siquiera registros para tantos demandantes. Los médicos anotaban los nombres de los pacientes en servilletas de papel y luego las archivaban dentro de cajas vacías de medicamentos. Las partidas de defunción se hacían en el dorso de viejas fotocopias de documentos desclasificados. La gente comenzaba a manipular documentos cuyos textos resultaban partes de denuncias, fragmentos de piezas musicales, resoluciones de juicios celebrados hacia diez años. En una palabra, nadie tenía la certeza de estar legalmente muerto.

El gran golpe lo recibió cuando un par de países - los mas débiles ,las ovejas negras de la Comunidad, como ella los definía - le anunciaron que abandonaban la moneda comunitaria. Regresaban a sus monedas tradicionales, sin divisas, sin respaldo patriomonial excepto los viejos edificios heredados de los siglos pasados que incluían las ruinas del Imperio Romano, las construcciones arábigas que databan de la Edad Media, las carreteras sembradas de  tramos deteriorados, los pabellones desconchados y malolientes de sus propios hospitales, donde se decía, daban a los internados alimentos espúreos, restos de materias fecales disimuladas con los colores bonitos de las salsas.

No lo pudo creer. ¿Cómo le hacian esto a Ella, La Markgrave , que se habia desvivido por convertir a esa veintena de países en una potencia? Cómo? Cómo? Reunió de inmediato a los líderes que pensaban igual que ella. Les habló. Los desafió . Hubiera pulseado como los marineros de su ciudad natal – acodada sobre una mesa - con alguno de ellos para demostrarles que ella valía mas que todos ellos juntos. Nadie osó contradecirla. La aplaudieron. Luego como era costumbre, brindaron por la prosperidad, por el bienestar de los Pueblos,por un futuro venturoso.

En menos de una semana, el resto de los países de la Comunidad hicieron lo mismo que aquel desdichado par de países. Volvió cada uno a su vieja moneda. Convocó de inmediato al Parlamento. Los arengó como siempre. Se airó contra todos los países que habían roto tantos pactos, tantas decisiones tomadas en común . Los desnudó en sus miserias y sus pequeñeces. Imitó las voces y las frases altisonantes inspiradas en los blasones del patriotismo rancio que algunos Presidentes le habían dedicado en medio de agrias discusiones. Y entre el caudal de aquella catarata de palabras, sucedió lo increíble.

Alguien le arrojó un sapo. El anuro se estrelló contra su rostro y se deslizó por su chaqueta hasta alcanzar el suelo y comenzó a saltar describiendo un círculo en torno a ella cumpliendo un ritual idéntico al que realizan en presencia de las serpientes.

La Markgrave huyó del recinto antes que el círculo del sapo la encerrara.-


2 comentarios:

WhiteSkull dijo...

Basado en hechos reales...

Rodrigo dijo...

Bonita fábula, amiga mía. Pero, me recuerda algo, y no sé qué es... ¡Hum! ¿Cristina de Suecia? No, creo que no. ¿Maria Teresa de Austria? No, creo que tampoco. Pues ¿A quién me recuerda, a quién... mmm? ¿Quizá un personaje de Flaubert, o de Zola? No sé, no sé. Ese empecinamiento, esa fe ciega en el error, ese espíritu de venganza contra la pobreza propia (así se hundan los demás). Me es tan familiar...
El relato es tan vívido, aunque tan improbable, que más parece un personaje de ficción. Es imposible que alguien tan contumaz pueda existir en la realidad. No, sin duda es un personaje de ficción, estoy convencido. Muy bien desarrollado eso sí, parece casi verídico, pero esa tozudez no es humana; sólo podría serlo si... tuviese, de alguna forma, algo muy poderoso y profundo, dotado de la fuerza de lo inconsciente, pulsando en su interior, algo desmesurado, algo así como un ajuste de cuentas histórico... Pero no, eso es imposible; algo así, tan ciegamente determinista, sólo puede suceder en la ficción.
Narración soberbia, Beatriz. Puro universo fantástico; personaje surgido de una alucinación. Aunque, no obstante... sigo pensando que me recuerda a alguien; alguien real, incluso alguien de nuestro tiempo... Pero no termino por hallar el qué o el quién. Aun así, te felicito, Beatriz, por un relato tan bien construido e imaginado.
Un abrazo a todos.