lunes, 24 de mayo de 2010

AL GRAN PUEBLO ARGENTINO , SALUD


Los Bicentenarios lo descolocan a uno. Te ponen contra las cuerdas de la Historia, que por un casual no es nuestro fuerte.
Hemos crecio entre leyendas , entre mitos entrañables que veneraban nuestros vecinos. Semo esa clase de gente que siempre ha yegao tarde pa los momentos grandes dese país, que lleva un nombre diáfano , como de cristales y platerías . Argentina.
A Evita Perón la conocimo en los pequeños altares que la gente tiene en un rinconcito de su casa. Como la doña Clelia, quenpazdescanse, que la tenía a Evita rodeada de rosarios, rosas desvanecidas en el tiempo y una camelia roja de papel crepe. Y mas abajo quedaban las fotos de Pancho Sierra , Carlos Gardel , Agustin Magaldi y la Madre María.
La foto der General San Martín estaba donde la mesa de cocina. Donde se comía y de paso se aireaban las broncas der día. Que ar finá del almuerzo el vasito de vino aplacaba toítas las ingratitudes.
Levantábamos poco mas de un parmo der suelo. Caíamos en aqueyos altares de la doña Clelia, llevaos de la mano de Mamá o de la Agüela , pa que nos curaran er empacho. Y de mientras Clelia reunía los talcos y arguno que otro menjunje, los ojitos se nos iban pa los retratos y sus ofrendas .
Pasaran mushos años hasta que yegamos a saber quien era quien en el Alma der Pueblo. Pero entonces, ya se nos habían crecío el Astor Piazzolla , Don Atahualpa Yupanqui, Los Chalchaleros, Ariel Ramirez, Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato , Julio Cortázar, la Alfonsina . Francisco Canaro , Alfredo De Angelis, Anibal Troilo, Di Sarli, Horacio Salgán. Y esos Poetas Enrique Santos Discépolo y Homero Manzi, que nacieron pa inmortales, en las letras de sus tangos.
Luego yo mismo fuí, las alas de un avión, la estela de un navío - mar en calma - llegando y partiendo. Ciudadano der Mundo. Emigrante perpetuo. Lector de periódicos en capitales varias. Si acaso arguna vez recorté noticias, las pegué en mi garganta pa no gritar de rabia, de impotencia, de cómo decretaron la cínica muerte en pasillos plagados de expedientes y burocracia sorda, ciega y muda.
Grabé un último nombre, en la hoguera de mi corazón : RENÉ FAVALORO y nunca más hasta hoy, escribí tu nombre: ARGENTINA.

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