domingo, 18 de agosto de 2013

NADY

Tenía ese don natural de ciertas flores, de atraer multitud de insectos a causa de la intensidad de su aroma, pero transcurridos unos pocos segundos, los insectos comprendían que en aquella corola no había nada dulce para libar, y emprendían vuelo en busca de otras flores. En una palabra: Nadiezhda era una mujer atractiva. Tenía un marido guapo y lo que se dice un artista en todo cuanto saliera de sus manos: así fuesen unas cerámicas decorativas, una fuente ornamental para satisfacer el capricho de algún nuevo millonario, o los modelos encantadores que diseñaba él mismo y luego confeccionaba, para lucimiento de la esposa. No obstante, la media naranja día sí y otro también ,decía pasar  sus mañanas cotejando los precios de los supermercados, aunque mas bien se trataba de un buen par de horas de entretenido palique con el gerente o el sub de aquellas grandes firmas. Si acaso aparecía luciendo una hermosa pulsera dorada, tened la seguridad que sabía convencer a su legítimo esposo que la tal era una baratija. Nada más.

No podemos dejar de traer a nuestro relato a la mamá de Nadiezhda, a la cual debiéramos dedicar otro de nuestros posts. Era el calco de su propia hija, pero tamaño baño, como se dice de las pastillas de jabón de mayor peso. Le había tocado pasar la Segunda Guerra Mundial justo cuando la eligieron Miss Simpatía en su bella Split. Vivía tan feliz de fiesta en fiesta, que cuando se enteró que existía una situación bélica, habian transcurrido al menos un par de años. Hasta entonces, se había pasado las mañanas  y las tardes en el despacho de algún Ministro, que la colmaba de honores y atenciones, como solían hacer entonces los caballeros, mucho mas cuando se trataba de Misses que reunían belleza y simpatía a raudales. Si Nadezhda resultó hija de este Ministro o nó, sospecho que ni la misma Nadezhda lo tuvo nunca en claro.

De ahí que, madre e hija eran como el Yo y su sombra. Si Nadiezhda padecía o se gratificaba con algún enredo sentimental su madre siempre estaba compartiendo las confidencias de la hija y aun – por qué no ? - haciendo propicios los encuentros no casuales.

En tanto- por  pura  curiosidad -   el esposo legítimo tuvo a bien tomar una de aquellas pulseras que tanto le lucían a su media naranja, y fue a una joyería con intención de empeñarla, seguro que sería rechazado de inmediato, al comprobarse que era una baratija. Resultó que el joyero no mas ver la pulsera inició la conversación adecuada para inducir al hombre a venderla y ahí mismo le ofreció una cantidad nunca imaginada por el marido de Nadiezhda. No solo vendió la alhaja sino que al volver a casa le dió tal paliza a su mujer, que le dejó dos costillas rotas, según confirmó el traumatólogo.

Si bien Rupert no hizo abandono de domicilio ni  ninguna  otra tontería,  se fue a dormir a la habitación de los chicos, dejó de aportar dinero al domicilio conyugal y cuanto más Nadiezhda insistía en pedirle dinero, Rupert le sugería que vendiera alguna de sus baratijas.
Fué entonces cuando comenzó a frecuentar nuestro hogar – dos veces a la semana – en que venía a lavar y planchar. Se excusaba de realizar otras tareas a causa del dolor que le provocaban las costillas rotas.

Entre tanto, en sus horas libres seguía estacionando su bicicleta en los supermercados y hasta veterinarias. Había descubierto que los curagatos eran hombres tiernos y sensibles a las Nadiezhdas.

En esto,  una persona de su conocimiento , es internada en un Psiquiátrico a causa de un estado ultra depresivo y ella la va a visitar por las tardes. Así es como se relaciona con un médico , hombre entrado en la sexta década, que también estaba pasando una etapa de enorme depresión en su vida. Hay que decir que nuestra asistenta era una mujer audaz y a los pocos dias de conocer a este médico, con la excusa de solicitar unas recetas para su amiga, se le insinúa y he aquí que lo pesca ! Y el hombre como tocado por una varita mágica, se enamora como un crío de Nadiezhda.

Entre nosotros, digamos que Nadiezhda es bruta, pero no es tonta, y de inmediato cayó en la cuenta que carecía de un lenguaje apropiado para hablar con este médico, que además era un  eminente   Profesor . Se sentía atrapada en su propia ignorancia. Una mañana llegó a nuestra casa muy turbada  comprendiendo sus limitaciones, su escasa cultura . El hombre en su entusiasmo quería presentarla a sus amigos y colegas. Imagináos , Nadiezhda es una mujer muy atractiva,que causa admiración mientras no abre la boca. ¿Cómo lograr en una semana , en un mes, parecer una dama ?Entonces le dijimos que dijera estar trabajando como secretaria de una investigadora, a la que estaba organizando los archivos. Santas palabras !

Recuerdo que semanas después vino toda contenta y nos cuenta: “Señora, sabe que me ha dicho el doctor? Que para él lo mas importante es que yo sea una buena vaina – como decís los españoles - y que si no sé conjugar los verbos y meto la pata hasta el cuadril, que se jodan sus amigos!”

1 comentario:

Rodrigo dijo...

Hola, Beatriz. Hola a todos.

Bien. Toca relato de verano (en estas boreales latitudes hispanas). Carne trémula, carne de a libra, a la que resulta difícil resistirse. Da igual el valor intrínseco: la carne de a libra no lo necesita, le es suficiente el espléndido valor extrínseco. Como muy bien dice el psiquiatra: "si mete la pata ante las sesudas amistades, que se jodan los amigos". Es lo que tienen las "Nadys" que en el mundo son: no necesitan palabras para vencer, y venciendo se les excusa el convencer. ¡Qué mayor convencimiento que el que no necesita palabras agudas para seducir?
Santas Nadys, necesarias Nadys, imprescindibles Nadys. Nadie mejor que un psiquiatra para apreciar el valor terapéutico del hecho trémulo y rotundo de la carne de a libra de la Nady.

Relato simpático, Beatriz, que nos cuenta cosas vitales envueltas en humorístico celofán (siempre de agradecer). La vida misma pasada por el rebozo naïf de un cuento aparentemente intrascendente.
¿Quién no ha conocido a una Nady, a un "psiquiatra" listo que las prefiere rubias, y no tontas, sino rotundas, con la sabiduría sabiamente incorporada en las curvas de su carne de a libra.

Gracias, amiga nuestra, por ofrecernos sonrisas, e imágenes sonrientes. Y felicidades por ese humor de pie de calle, que roza el carácter de realismo mágico.