jueves, 8 de diciembre de 2016

U S H U A I A ( III)






La gente de Ushuaia allí donde te la encuentres, es encantadora. Cuando recorríamos parte del Parque Nacional de Ushuaia, a pie - junto a nuestros compañeros de excursión - nos encontramos en un escarpado sendero con los niños de algún colegio de la zona, y cuando nos vieron avanzar hacia donde ellos estaban, se ubicaron a los costados del sendero y nos aplaudían y saludaban.

 Alguna de las mamás de los niños nos preguntaron qué nos parecía su Parque Nacional. Les respondimos que no podíamos ser más dichosos, felices de recorrer esos senderos que son el límite de verdaderos precipicios mas allá de los cuales, se divisan las aguas de alguno de sus míticos lagos. Y la señora nos abrazó emocionada, orgullosa de que otra gente disfrute de esa Naturaleza salvaje, de que todos los que allí estábamos hubiésemos viajado tantos miles de kilómetros para gozar de esos verdaderos santuarios que la Naturaleza creó a través de siglos y milenios, y que no debe a la mano del hombre casi nada, excepto algunas barandas dispersas en los costados de los senderos, donde tanto asoman a la superficie rocas como raíces de los árboles del lugar.

Por allí también viven pájaros carpinteros. No les vimos, pero sí pudimos ver los trabajitos que ellos hacen en los árboles.

Poco después llegamos a la Bahía Lapataia . Aunque pareciera un lago, esta Bahía desemboca en el Canal de Beagle. Son una sucesión de espejos de agua que se inician con el Lago Acigami - nombre original que le dieron lo nativos – al que le continúa el Río Lapataia que desemboca en la Bahía Lapataia.
Ya de regreso a la civilización, hicimos un alto en el camino en un parador grandioso, con unas estructuras de madera realizadas por personas no solo de gran experiencia, sino que aman la nobleza y vitalidad de las maderas.

Hemos conocido las turberas, de donde actualmente se exportan cientos de toneladas para mejorar la fertilidad de otras tierras.

Deberíamos escribir otro capítulo contando la gastronomía de Ushuaia. Todos los restaurantes que hemos visitado, son inolvidables. Aquí hay toda un escuela de Señores Chefs, que te presentan pescados,toda clase de mariscos, carne de cordero, vegetales,etc. sabiamente salseados.
Y lo más importante de todo: la gente de esta ciudad , detiene sus autos para que los peatones crucen la calle!

 Aquí te puedes beber los chocolates mas genuinos, con todas las maravillas dulces que puedas imaginar. Allí están.
Si la planta baja del restaurant está a pleno, te habilitan la planta alta para no privarte de un exquisito almuerzo o cena. Aquí puedes adquirir joyas de auténticos creadores suizos. Y las puedes admirar también en el stand de la joyería.

Han transcurrido casi 15 días de nuestro regreso y la sensación que nos embarga es que acabamos de llegar.

Foto:  Típica  esquina céntrica de Ushuaia.

3 comentarios:

Mauro Navarro Ginés dijo...

Si hay un lugar donde como dices "detienen sus autos para que los peatones crucen la calle", ese debe ser un rincón excepcional. De estos momentos se compone el lado bueno de la vida. Debe haber sido un viaje imborrable. De esos que quedan grabados en la mente para toda la vida. Saludos amiga...

Rodrigo dijo...

Hola, Beatriz. Hola a todos.
Tercera entrega del viaje al Paraíso... Pues que de un paraíso austral se trata, y, como todos los paraísos, celosamente guardado por amenazadores infiernos...
Gentes hospitalarias, gentes amables, gentes que saben lo que es lidiar con esos infiernos, y que han aprendido a hacer, en sus márgenes, una auténtica Arcadia.
En la vecindad de lo imposible se ofrecen siempre las mayores posibilidades. Eso le ocurre a Ushuaia, tierra de extremos.
Y es por eso, amiga mía, que sus pobladores, se funden en un abrazo con quienes saben apreciar esas maravillas, que otros (muchos) desdeñan por imposibles. Entrañable ese relato de complicidades entre quienes disponen y quienes disfrutan de los dispuesto. La naturaleza ofrecida en sus límites acogedores a quienes saben mirarla a los ojos sin pretender someterla; sólo fundirse en ella como simples accidentes más, aunque éstos sean unos accidentes ambulantes llegados allí con la sana intención, no de conquistarla, sino de gozarla.

Gracias por compartir, Beatriz, sentimientos e impresiones.
Un abrazo a todos.

Rodrigo dijo...

Ah!... y me iré poniendo el babero para esa próxima entrega gastronómica de Ushuaia...