U S H U A I A ( III)

La
gente de Ushuaia allí donde te la encuentres, es encantadora.
Cuando recorríamos parte del Parque Nacional de Ushuaia, a
pie - junto a nuestros compañeros de excursión - nos
encontramos en un escarpado sendero con los niños de algún
colegio de la zona, y cuando nos vieron avanzar hacia donde
ellos estaban, se ubicaron a los costados del sendero y nos
aplaudían y saludaban.
Alguna de las mamás de los niños
nos preguntaron qué nos parecía su Parque Nacional. Les
respondimos que no podíamos ser más dichosos, felices de
recorrer esos senderos que son el límite de verdaderos
precipicios mas allá de los cuales, se divisan las aguas
de alguno de sus míticos lagos. Y la señora nos abrazó
emocionada, orgullosa de que otra gente disfrute de esa
Naturaleza salvaje, de que todos los que allí estábamos
hubiésemos viajado tantos miles de kilómetros para gozar de
esos verdaderos santuarios que la Naturaleza creó a través
de siglos y milenios, y que no debe a la mano del hombre
casi nada, excepto algunas barandas dispersas en los
costados de los senderos, donde tanto asoman a la superficie
rocas como raíces de los árboles del lugar.
Por
allí también viven pájaros carpinteros. No les vimos, pero
sí pudimos ver los trabajitos que ellos hacen en los
árboles.
Poco
después llegamos a la Bahía Lapataia . Aunque pareciera un
lago, esta Bahía desemboca en el Canal de Beagle. Son una
sucesión de espejos de agua que se inician con el Lago
Acigami - nombre original que le dieron lo nativos – al que le
continúa el Río Lapataia que desemboca en la Bahía
Lapataia.
Ya
de regreso a la civilización, hicimos un alto en el camino en
un parador grandioso, con unas estructuras de madera realizadas
por personas no solo de gran experiencia, sino que aman la nobleza
y vitalidad de las maderas.
Hemos
conocido las turberas, de donde actualmente se exportan cientos
de toneladas para mejorar la fertilidad de otras tierras.
Deberíamos
escribir otro capítulo contando la gastronomía de Ushuaia.
Todos los restaurantes que hemos visitado, son inolvidables.
Aquí hay toda un escuela de Señores Chefs, que te presentan
pescados,toda clase de mariscos, carne de cordero, vegetales,etc.
sabiamente salseados.
Y
lo más importante de todo: la gente de esta ciudad , detiene
sus autos para que los peatones crucen la calle!
Aquí te
puedes beber los chocolates mas genuinos, con todas las
maravillas dulces que puedas imaginar. Allí están.
Si
la planta baja del restaurant está a pleno, te habilitan la
planta alta para no privarte de un exquisito almuerzo o cena.
Aquí puedes adquirir joyas de auténticos creadores suizos. Y
las puedes admirar también en el stand de la joyería.
Han
transcurrido casi 15 días de nuestro regreso y la sensación
que nos embarga es que acabamos de llegar.
Foto: Típica esquina céntrica de Ushuaia.
Comentarios
Tercera entrega del viaje al Paraíso... Pues que de un paraíso austral se trata, y, como todos los paraísos, celosamente guardado por amenazadores infiernos...
Gentes hospitalarias, gentes amables, gentes que saben lo que es lidiar con esos infiernos, y que han aprendido a hacer, en sus márgenes, una auténtica Arcadia.
En la vecindad de lo imposible se ofrecen siempre las mayores posibilidades. Eso le ocurre a Ushuaia, tierra de extremos.
Y es por eso, amiga mía, que sus pobladores, se funden en un abrazo con quienes saben apreciar esas maravillas, que otros (muchos) desdeñan por imposibles. Entrañable ese relato de complicidades entre quienes disponen y quienes disfrutan de los dispuesto. La naturaleza ofrecida en sus límites acogedores a quienes saben mirarla a los ojos sin pretender someterla; sólo fundirse en ella como simples accidentes más, aunque éstos sean unos accidentes ambulantes llegados allí con la sana intención, no de conquistarla, sino de gozarla.
Gracias por compartir, Beatriz, sentimientos e impresiones.
Un abrazo a todos.