lunes, 13 de abril de 2015

EL SIBERIANO



Es uno de esos días en que la nube no puede remontar vuelo . Las aves se abren de alas y la humanidad se refugia en la mansedumbre del oleaje buscando frescura. Hasta el mismo mar está cansado.
Ella no se agazapa. Oye simplemente el crecer de la hierba en la oscura piel terrosa. Cada vez que se encuentran , hay un campo de revelaciones que se regalan mutuamente, por puro amor.
Ambos entrecierran los ojos. Desde un sitio improvisado, una actriz irrumpe  sobre un escenario. Explica a su auditorio el hecho fortuito del porqué ningún gobernante transforma en realidad las promesas declamadas, vociferadas de cara al Pueblo durante la campaña electoral.
El Cuestor es cruel. Les ha concedido ganar las elecciones, ser electos no para gobernar, sino para que se entreguen al arte rastrero de robar y mentir, volver a robar y volver a mentir siempre a la gente que fue a ponerles su papeleta, confiados en ellos.”
Mientras la actriz sobre el escenario modula bellamente las palabras, él recuerda al Siberiano, un hombre joven - ingeniero de sistemas ferroviarios - con el que trabajó en algún país lejano en el tiempo y la distancia.
El Siberiano - le llamaba así por lo complicado de su largo apellido- era un hombre mas bien risueño, pero a poco de entablar conversación, su interlocutor caía en una realidad diferente. Alguna vez hilvanó la historia de un pueblo al que ningún político llegaba , porque el tren mas cercano les dejaba a una distancia mayor de cien kilómetros y nadie estaba dispuesto a recorrer tanto camino por apenas 500 votos. La gente del lugar hizo algo: como ninguno necesitaba usar las viejas loncheras comenzaron a llenar el recipiente que había en cada casa con los nombres y apellidos de cada candidato que rehusaba llegar hasta el pueblo y acto seguido las colgaban en un viejo poste o la guarecían arriba de las casetas  de los perros. A esos nombres fueron añadiendo los nombres y apellidos de las esposas de los candidatos y luego sumaron también el de los hijos y las amantes.
Hay que considerar que la vida en Siberia equivale a diez vidas de cualquier pueblo en la isla mas remota de este globo. Los habitantes son altamente sociables y sea por pasar el rato, o por verdadero interés en los intríngulis gubernamentales , el investigar los nombres y apellidos que se guardaban en las loncheras era una tarea de alta responsabilidad, porque, esto de encerrar a las personas mediante sus nombres, puede dar ocasión de cometer errores graves.
¿Qué errores ? El Siberiano hacía alusión a problemas Eticos. A cuestiones relacionadas con la Consciencia.
La voz de la actriz vuelve a capturar la atención:
La gente no se olvida del candidato que dijo que jamás iba a bajar las pensiones y lo primero que hizo no más asentar sus orondas nalgas presidiendo el gobierno, fue vaciar los millones de las Cajas de Jubilaciones, para tapar la boca a los acreedores que les aportaron - no por amistad, sino por avaricia en estado consagratorio - sus buenos o falsos milloncetes para la campaña electoral. Además hicieron otra cosa: filmar algunas escenas de vida ultra privada del candidato y su séquito.”
Tened presente – dice la actriz sobre el escenario – que el Cuestor concedió a los políticos que obtuvieron el triunfo sobre sus oponentes, cumplir sus deseos, sus aspiraciones declaradas y ocultas. A ninguno de los Titiriteros de la Política les hizo conocer el precio por la osadía. Pero a continuación llamó a los mejores Jefes de la Policía y simplemente les dijo: “Ragazzi: les recomiendo seguir a los nuevos próceres tanto a la sombra como al sol y escuchar siempre sus mensajes “ .Nunca les sugiere: “Grabad lo que dicen” .
Risas y aplausos jalonan el final del parlamento.
El sonríe. Y continúa: “El siberiano relataba que la gente de aquel pueblo leía los matutinos con días, semanas de atraso. Aún así discutían los acontecimientos, se reforzaban las opiniones o se dejaban caer por absurdas, pero la indiferencia no cabía en ellos. A su modo vivían una auténtica república. No se aprobaba ninguna  innovación en el pueblo sin debatir minuciosamente todos los aspectos que estaban implicados. Si alguien tenía una idea, la anotaba con sumo cuidado, eligiendo las palabras, para que se viera que quien la proponía era alguien con bases respetables . Estaban tan enterados de las situaciones de la Nación que, cuando la presión política subía, ellos realizaban una Asamblea en la que participaban todos los vecinos y se procedía a votar.
De triunfar el SI , se convocaba a una ceremonia casi protocolar, donde los dueños de las loncheras se instalaban en círculo en la plaza del pueblo y mientras la banda de Música procedía a tocar los compases de alguna marcha fúnebre para que todo el acto cobrase un auténtico sentido patriótico, uno por uno los dueños de las loncheras arrojaban las listas de nombres a la luz solar dentro de un contenedor de basura.
Créase o nó : en poco tiempo iban cayendo en desgracia uno tras otro . Ministros, Viceministros, Secretarios, y al final el mismo Presidente, terminaban abruptamente sus mandatos. Así la Historia – como cualquier juego de naipes - era nuevamente mezclada , barajada y el mismo Cuestor  lanzaba las ocultas figuras como en cualquier Casino.-

Foto: www.laverdad.es / Músicos actuando en el XXI Festival de  Bandas de Música.

2 comentarios:

Rodrigo dijo...

Hola, Beatriz. Hola a todos.
Buebo, bueno. ¿Qué tenemos aquí? Uno de esos relatos al más puro estilo "basenjiniano", donde la trama está hilvanada a cualquier época, en cualquier lugar, y donde la realidad se trenza a una fantasía demasiado cercana y familiar... para serlo.

Es uno de esos retazos, como bruma desgajándose entre los arrabales de la cotidianeidad, que le dejan a uno como sumido en una especie de sueño, o ilusión, o déjà vu, con las características de la ensoñación. También, puede ser, con la sensación de haber sido traspasado por una barahúnda de voces dispersas pero mágicamente abigarradas en tono evocador.

Lo que sucede, sucede, pese a lo que nosotros creamos o queramos. La realidad se escribe (la escriba un Cuestor o el Siberiano) sobre nuestro devenir como la lluvia escribe sobre el mar, o la tormenta de arena sobre el desierto: sin historia, pero con materia; sin eco, pero con voz; sin memoria, pero con tozudez.

En pocas palabras, de forma sencilla: la realidad se nutre de la fantasía (y no al revés), sin ella la realidad no sería, porque la fantasía fue lo que hizo salir a Dios de su ensimismamiento para contemplarse en un continuo y eterno devenir (y a nosotros con él).

Gracias, Beatriz por sugerir.
Un abrazo a todos.

Albada Dos dijo...

La realidad, en ocasiones alcanza a salir a la superficie de las verdades.

Un beso