LA FAUSTINA

Como
decían en el pueblo, la Faustina había nacido con las dos mas
grandes virtudes que por aquella geografía se honraban: era
más que hermosa, hermosota y pa'mejor, un poquitín tolola.
Para
cuando cumpliera los 15 , por poco hubo una revolución en el
pueblo.
La
familia de la Faustina no eran lo que se dice estirados, o sea,
con el cuello siempre bien alto a causa del tanto almidón
conque la patrona acicalaba las camisas , pero medio agarrados
, de esa gente que siempre esconde la billetera.
Entonces,
como se les tenía respeto y hasta envidia por la belleza de
la Faustina, los jóvenes de las familias mas pronunciadas , se
acercaron a la casa de la Faustina y pidieron permiso para
hacer un baile en su honor en la misma placita del pueblo,
porque otra cosa no se estilaba por allí.
Obtenido
el permiso, el día señalado se reunió el pueblo entero para
bailar o mirar a los danzantes. Ya como a las once de la
noche, algunos convencieron a don Maximino - el dueño de la
proveeduría – que les vendiera cervezas y naranjines, que era
lo que se estilaba entonces.Y el baile siguió hasta que no quedaron más bebidas.
Quien
más , quien menos llenó de bellas frases a la Faustina,
pidiéndole salir cualquier día de la semana que estaba
entrando.
Y
la Faustina, agitando su abanico se cubría el rostro
sonriendo como dicen solo los ángeles saben hacerlo. Pero no
soltaba ni un sí, ni un nó.
Perplejos
quedaron los mozos ante tanta sonrisa sin respuesta alguna.
Tanto
les intrigó, que a las pocas semanas siguieron con la música
y el baile, y ya se le juntaron de los pueblos vecinos unos
cuantos parroquianos que venían a divertirse pero más por
admirar a la Faustina.
Que
ni les cuento cuanta envidia levantaba la mocita. Y ella, como
siempre, ajena a los dimes y diretes. Y ya empezaron las
invenciones: que si la familia la tenía muy rigoreada , que si
tenian el ojo puesto en algún hijo de hacendado que, aunque
feo de primer premio , se paseaba en los autos mas audaces que
por el pueblo se conocían. Y se equivocaban todos !
En
una de estas bailantas populares en honor de la Faustina,
apareció un desconocido, pintón, de bien hablar y observador
en detalle hasta del largo de las uñas o los aretes que lucían
las damas.
Que
les digo, que en cuanto apareció el hombre, el mujerío no tuvo
mas que ojos para el recien llegado. De la tanta curiosidad que
despertaba, juro que mas de una hubiera pagado por conocer
algo, así fuera una trivialidad, del desconocido.
El
asunto fue que, el hombre como era de esperarse sacó a bailar
la primera a la Faustina.
Ya
para entonces la Fausti ante cada varón que la invitaba a la
danza, le hacía una de esas reverencias que solo se veían en
las pantallas del cine cuando pasaban películas que mostraban
las costumbres de antaño. Es de no creer! Pero esas reverencias
fueron las que dieron al pueblo un aire de aristocracia.
El
desconocido - hombre ya en la treintena de seguro - era ni mas
ni menos el típico soltero conquistador que termina huyendo en
cuantito le resulta el experimento.
Como
sería su habitual, comenzó a florear a la Faustina y a
insinuarle verse si era gustosa en la ciudá, donde había
sitios dignos de la tanta belleza de la joven.
Y
la Faustina sonreía.
Y
el hombre , como si le hubieran nacido alas en las espaldas,
recitaba al oido de la Faustina unas coplas encendidas que la
Fausti festejaba con risitas francamente adorables.
Y
el hombre cobraba más y más empuje.
Hasta
que ya bien entrada la noche, se acerca uno de los hermanos de
Faustina y acaso con la intención de finalizar el baile le
dice al hombre:
-Si
está esperando una respuesta de esta bella dama, olvídese.
Ella es sorda y muda ! Y las risas que le dedicó, fue porque
su aliento le causaba cosquillas en el oído
Comentarios