viernes, 8 de julio de 2016

VIOLENCIA DE GÉNERO







Nos contaba la esposa de un muy querido amigo, que a sus 17 años le empezó a arrastrar el ala un mozo muy pintón, de esos que cuando llegaban a uno de aquellos bailes de hace medio siglo el mujerío se quedaba impactado con su presencia.

De lejos parecía el hombre un príncipe de los austríacos, aunque en verdad bailar no sabía ,pero se la ingeniaba para caminar entre la multitud, con la intención de lograr una buena pesca.

La esposa de mi amigo a sus 17 años se sentía muy halagada que el tal mozo la pretendiera. En ese entonces, la vida de las jóvenes casaderas era totalmente distinta a nuestro tiempo, porque las familias no dejaban a las niñas de la casa ni a sol ni a sombra.

 Era muy difícil poder conversar con una joven fuera del entorno familiar. Y una de las oportunidades era asistir a misa.
La juventud de entonces si frecuentaba los domingos la Parroquia mas cercana, era precisamente para tener oportunidad de hablar con los galanes o las damiselas de la vecindad.

Venían de misa, Dina – que así se llama la esposa de nuestro amigo – y el mozo del que hablamos. Era tiempo de verano, y Dina mientras caminaban sin prisa, de tanto en tanto se detenía para ayudar algún escarabajo caído, que luchaba por volver sus pedicelos sobre la tierra. Al tercer coleóptero que se inclinó para ayudar, el mozo pintón no tuvo las más mínima misericordia por el insecto y lo aplastó con todo el peso de su zapato contra el suelo.

Fue esta actitud de violencia la que alertó a Dina, quien cortó la relación de inmediato.

No pasó mucho tiempo, y este hombre sacó a relucir la violencia que lo poseía: le dió tantas trompadas a la novia que se supo conseguir, que la dejó en estado de coma y pocos dÍas después la joven falleció y el “buen mozo que parecía un príncipe de los austríacos” pasó a integrar la población carcelaria.

Ojalá todas las jóvenes casaderas tuvieran la percepción de Dina. Ella pensó que si ese hombre no era capaz de respetar la efímera vida de un coleóptero, sus valores humanos ya se habían perdido o jamás los tuvo.

No nos  engañemos pensado que “cuando nos casemos, yo le voy a cambiar “.


Nadie cambia , a menos que nosotros mismos admitiendo nuestros aspectos negativos, apelando a nuestra VOLUNTAD hagamos cada día el esfuerzo de superar celos, envidias, rencores,resentimiento, etc. etc. y nos entreguemos a los sentimientos mas puros y elevados hacia las personas, los animales, la Naturaleza toda.

Amáos a vosotros mismos. Tened en alto la autoestima. No os dejéis menospreciar, ni bastardear por persona alguna. Ved estas actitudes como dianas que os están poniendo en aviso de la realidad de las personas que os abordan con intenciones de orden negativo.

Analizad con total neutralidad las situaciones. No os engañéis edulcorando los hechos o disculpando por tal o cual causa el motivo de las agresiones.

Quien de verdad os ama nunca os va a causar intencionalmente daño.

Ilustración: www.  fotolog.com




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