AMOR Y FE




Amor y Fe van siempre unidas. Si amamos a alguien, es porque tenemos FE en esa persona. Percibimos con nuestro propio Ser, la nobleza de la otra persona al punto que mediante el Amor, estaremos unidas acaso “para siempre” . 



No concebimos el Amor sin la Fe. Y nos sentimos en el deber de ahondar en el concepto de FE, que la mayoría de las personas no tiene perfectamente asumido.
La FE no es un acto de credibilidad, tan solo. La FE es una Energía que nos conecta -si nuestra Voluntad así lo decide - con todos los Seres y todas las Potencias del mismo Universo. Y partimos de la base que nosotros mismos somos ENERGÍA, en la exacta proporción signada por el mismo Cosmos en que nuestras vidas suceden.

(Ver: http://www.hombreycosmos.org/ )

Hemos observado con frecuencia, que los mismos religiosos – en las diversas religiones que abundan por este Mundo – tampoco saben enseñar a los fieles aquello que sea la FE. No se trata de creer a ciegas, ni a “tontas y locas” como la gente suele decir. No. La FE es proyectar nuestro AMOR como Energía, ya sea a la misma Naturaleza, o a los seres tanto del reino vegetal como animal, del cual nosotros formamos parte.

Nada hay sin vida ni inerte en cuanto nos rodea. Y mucho menos las piedras, las rocas, el mundo Mineral que es el que sostiene al Planeta para que pueda girar en torno a nuestra estrella dadora de luz y calor: el Sol.

Millones de años le ha llevado al Universo lograr que nosotros, los Humanos , pudiéramos lograr existir sobre la bella Geo.

Les invito a todos mis lectores que realicen caminatas a orillas del mar, que crucen esos bosques que se hallan en las periferias de las ciudades. Cultiven un jardín por mínimo que sea ! Exploren las sierras, o las elevaciones más encumbradas o que al menos las admiren y gocen de esa majestuosidad que estas formaciones orográficas poseen.

Piensen: ahí están, como enormes espinas dorsales de los Continentes. Recibiendo el agua mas pura que se hiela y cristaliza embelleciendo el  paisaje  y  custodiando para todos los pueblos que viven en las cercanías - cuando llegan las temperaturas adecuadas - volver a transformarse en Agua!
Volvemos al principio: si Amamos, es porque tenemos FE, porque CONFIAMOS en esa persona. Es obvio que quien realmente AMA no puede sentir celos, ni envidia, ni mostrarse soberbio con el ser amado. Porque AMOR significa siempre y por sobre todo respeto y protección hacia el ser con quien compartimos o compartiremos la Vida.

Y por último os dejo un simple ejercicio que nos enseñara un cura sanador: respiremos hondo, dos, tres veces, alcemos los brazos en ángulo abierto de 45 º aproximadamente, relajados, tranquilos, sigamos haciendo la respiración, y notaremos casi de inmediato, que de nuestros brazos emana una fuerza tal, que pareciera estamos flotando. Esa fuerza, esa Energía, es el gran Tesoro que portamos en esta forma Humana que hoy nos identifica.

Un abrazo para TODOS con AMOR y con FE. 

Foto: peru.com

Comentarios

Rodrigo ha dicho que…
Hola, Beatriz. Hola a todos.

Amor, fe... Está claro que en estos conceptos hay un sentido que no todos entienden del mismo modo. Pero sí que podemos partir de una consideración previa: al amor pertenece al ámbito de las afecciones —presidido por el "corazón", pues—; la fe, al de las ideas —radicado, por tanto, en la inteligencia. Ámbitos distintos, pues, aunque complementarios. En el amor hay algo de irracional, hay algo de inmanente: se "conecta" o no se "conecta", no es un acto de voluntad o reflexión. La fe, en cambio, exige una disposición intelectual, una aceptación consciente (a veces mediatizado por tradiciones ya asimiladas y embutidas en el inconsciente) de aquello en lo que se quiere creer.

Es posible creer sin amar, pero no lo es amar sin creer. Como muy bien dices, Beatriz, uno cree en lo que ama, pero no porque llegue a esta conclusión por medio del razonamiento, sino por medio de determinación afectiva.

Y, sí, también es cierto, que no todos entienden la fe del mismo modo. Aunque siempre la fe se define como la capacidad —o disposición— para creer en lo que no se puede probar; lo contrario no es fe, sino aceptación de la evidencia o la prueba. Luego la fe, perteneciente al mundo de las ideas (y más expresamente a las que conforman las convicciones), porta, así mismo, el germen de lo irrazonado, de lo ilógico, de lo cuestionable.

La fe es imprescindible, como argamasa, para la estructura y mantenimiento de cualquier religión. También lo es para sobrellevar o combatir en muchas ocasiones las dudas y la incertidumbre, la angustia y la ansiedad. Es un recurso, pues, que no ayuda, desde la irrealidad, a transitar por la realidad.
El amor, no siendo elegible, siendo tanto o más imprescindible que la fe para la vida, no deja de ser en las religiones más que un apéndice, importante, pero apéndice al fin y al cabo, sobre todo en la forma practicante de la misma. De otra forma, si el amor fuese lo más importante, muchas de las desviaciones, atrocidades y arbitrariedades de los hechos religiosos no se hubieran producido. Si hubiera prevalecido el amor (como parece ser vivieron y predicaron Cristo, Mahoma o Buda) no habría habido cruzadas ni yihads, ni intolerancia de ningún tipo.

Amor y fe, Beatriz, adolecen de similares carencias e imperfecciones si no se conciben como dimanadas de un absoluto, si las hacemos depender de la voluntad individual o de especie, estaremos errando, al concebir esos conceptos de forma restrictiva, y, por tanto, exclusiva, ergo, inadecuada (aquí, también, Spinoza dixit).

Y dices bien, Beatriz: el amor, la fe, se encuentran imbricadas en nuestra vida a la vida de todo: animado y supuestamente inanimado. Esta concepción también requiere una gran dosis de fe, y una considerable disposición para el amor sin límites (a la piedra, a la planta, al insecto, al pez, al mamífero o al reptil, tanto como al semejante, hacia aquel de quien me siento enamorado tanto como hacia el prójimo desconocido. El amor a la vida, la fe en la vida, no debe de conocer (no conoce) fronteras ni límites. La naturaleza no los tiene más que para distinguir unos modos de otros, de los infinitos atributos de Dios, es decir, de sí misma.

Ah, y toda forma de amor no exclusiva es buena, toda forma de fe que reúna también lo es. Lo malo en estos dos conceptos es la particularidad y la restricción. Amaos los unos a los otros no significa sino: "aceptaos y respetaos los unos a los otros tal y como sois".
Lo de la fe ya es harina de otro costal. Nunca debe de ser un arma, sino, al contrario, una herramienta, un útil que nos ayude en ciertos momentos a combatir lo indeterminado, lo desconocido, y a amortiguar o acallar el fragor con que puja de vez en vez el horror.

Gracias, como siempre, Beatriz por sugerir.
Un abrazo a todos.

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