miércoles, 31 de mayo de 2017

LA CAZA DEL DRAGÓN






Hace tiempo llegó a nuestras manos un libro ciertamente raro. Estaba en una librería de viejo, ni siquiera en un estante, sino dentro de una caja desordenada de libros . Nos llamó la atención su título: “La caza del Dragón” y su anterior dueño debió haber estado tan en contacto con sus tapas, que su ilustración era una mancha seguida de otras tantas que nada sugerían. Pagué por él la mitad del  billete mas pequeño que estaba en circulación entonces.

Fue abrirlo y comprobar que su lenguaje - aunque estaba escrito en español – resultaba incoherente.
Nos saltamos algunas páginas y nos encontramos con un capítulo donde a duras penas alguien intentaba narrar la situación en que se hallaba a causa del desventurado hecho de haber adquirido un libro raro, incomprensible, donde otro  “alguien” creía dar lecciones acerca de la caza del Dragón. Y a continuación entre paréntesis advertía ( como bien es sabido los dragones no existen ni existieron) . ¿ Cómo pues darle caza? A continuación se transcribía el siguiente texto:” Es bien conocido desde la Antigüedad que los chinos han tenido volando a buena altura de sus montañas, multitud de dragones a los que no solo respetaban, sino que consideraban el mayor de los tesoros poseer una pluma de tales seres voladores “.
Mucho más adelante, en otro extraño capítulo el autor nos hacía saber : “La posesión de una pluma de estos ( …) por ínfima que sea, bien puede ser la llave que abra para ti todos los cerrojos. Empero no te confíes: la plumilla puede abrir el cerrojo, pero no abre puertas. Eso queda en tu voluntad” .

Cerré entonces el libro y continué con mi trabajo habitual.

En el resto de aquél día no volví a retomar la lectura .


Ocurrió que regresando a pie a mi hogar, debí detenerme en todos los semáforos y mientras esperaba el cartel de avance, observé que las personas a mi alrededor y en la vereda opuesta, todas bostezaban. Salían de ellos potentes bostezos. Fue al final de esa jornada, cuando, al preparar la bolsa de residuos para el recolector, observé una plumita increíblemente verde. “Una cotorra”, pensé. Sin embargo nadie  en la  vecindad  tenía por  mascota  una cotorra  ni  ave alguna. La tomé pues, y la ubiqué sin mirar entre las páginas del libro.

Si pasaron tres dias o una semana, cuando abrí el libro donde había dejado la verde pluma hallé el siguiente texto: “Has dado el primer paso. Hay un dragón en tu cercanía. Cuídate y mucho de que el dragón llegue a enterarse que has hallado una pluma verde “

Cerré de inmediato el libro.No puede ser,pensé, y desde ese momento me sentí raro.Al día siguiente regresé a la librería donde había comprado “La caza del Dragón” .Estaba cerrada y con un breve anuncio que decía:”Cerrado por duelo” .

Ah, la flauta!Me convencí que no podía justamente ahora partir el librero de este Mundo. Antes debía explicarme algo acerca de ese raro libro.

Marché caminando a mi trabajo y otra vez al detenerme en los semáforos la gente abría la boca como caimanes. Resultaba gracioso, pero perturbador.

Esa noche tuve un sueño tremendo. Soñé que flotaba sobre mi cuerpo pero esa flotación no ocurría en mi cuarto , sino en un espacio inmenso donde las estrellas se apreciaban intensas y poderosas y apenas tuve esa realidad estelar retenida en mi Ser, alguien vestido de blanco, me inmovilizó de la cabeza a los pies. Cuanto más me resistía mayor era la presión de ese ser sobre mí y lo peor era que me estaba quitando mis propias fuerzas, y si bien no podía luchar con él, mi mente invocaba a Alguien con desesperación. Y cuando creía que estaba sucumbiendo , el ser que me dominaba desapareció y desperté. De un salto abandoné el lecho y busqué el libro.
Cuando quedó abierto ante mis ojos leí: “No le has dado caza. Aún. “

Ilustración: taringa!




















1 comentario:

Rodrigo dijo...

Hola, Beatriz. Hola a todos.

¡Hum! Ya está aquí nuestra Beatriz en estado puro.
Aquí tenemos un nuevo relato de la "Otra Esfera", donde lo real se imbrica a lo fantástico, lo onírico a la vida cotidiana.
Va de dragones, tan pronto seres cargados de positividad (Oriente), como de simbólica malignidad (en Occidente).
En Oriente no siempre se asocian a la buena suerte, como en Occidente tampoco todos son malignos. En todo caso, son seres en los que se condensa el poder en grandes proporciones.
Aparecen en las más grandes sagas (como en Los Nibelungos y las novelas caballerescas de la Edad Media) y en los más entrañables cuentos (como en la Historia Interminable o el Hobbit). En todos los casos suelen encarnar "fases" determinantes de la historia de los héroes, peldaños en su camino que, o bien consistirán en un obstáculo a salvar, o bien será un factor de ayuda esencial en la consecución de la misión heroica.

El dragón, no pocas veces, encarna el yo más profundo, donde radica el poder del individuo (conectado al poder de la colectividad, y hasta con el universo entero). Llegar hasta él y sacarlo a la luz es toda una verdadera aventura, una misión inevitable para todo el que quiera ser auténtico y completo.
De esto va el relato de nuestra amiga: el viaje interior hacia el núcleo de uno mismo: la caza del dragón que todos llevamos dentro.
Bonito y ameno. Gracias, Beatriz, por reste nuevo y enigmático regalo.

Un abrazo a todos.