LOS MANES

Se había comprado un coche rojo para salpicar al prójimo los dias de lluvia , según decía, pero a la vez vivía temblando por el temor de que un día u otro se lo requisaran porque la agencia donde lo compró se había mandado la gran estafa.
Tenía un novio cuya madre semana tras semana estaba poco menos que agonizando y como él – pobrecito - no tenía ni un miserable billete en los bolsillos, quien debía comprar las caras medicinas de la moribunda? Ella.
-Pero lo peor de lo peor, y no se me caiga, Bisabuela querida, he descubierto que es un jugador a tiempo completo. Mientras yo me tengo que aguantar mi propia bilis escuchando a mis compañeras cada vez que les hago deshacer una prenda mal confeccionada, mi novio firme como un centinela en los tragamonedas del Casino.
-Dígame que és lo que me pasa, Bisabuela? Parezco meada por los perros!
La Bisabuela la miró igual que a las teteras chinas de una antigüa patrona
.Suspiró con holgura y se limitó a responderle:
-Los Manes.
-Los Manes. Y qué son los manes?- interrogó la bisnieta con los labios estirados malamente como buscando el símbolo del infinito en su propio rostro.
La anciana calculó lo difícil que iba a ser explicarle. Se confortó bebiendo un mate antes de comenzar.
-Cual es la definición para tu trabajo? Un infierno de 8 horas. Cuando debes decir a una de tus compañeras: “Esto ha quedado mal. Hay que rehacerlo”, qué pasa por tu mente? “Esta hija de tal por cual qué estaba mirando cuando se equivocó en esto? Ah! Pero me va a escuchar!
Ahí, justo ahi están Los Manes. Oyendo tus pensamientos. Y ahí , te electrizan el aire, te cambian los polos positivos en negativos. Y para cuando tú haces comparecer a la compañera, ya se puso el ambiente como tregua entre basiliscos. Y la chica se va de tu lado deseándote lo peor. Ahí están los Manes de ella resentidos contigo y multiplicándote los episodios uno tras otro. Hay que ser muy cuidadoso cuando se habla y todavía mas cuando se piensa, porque el pensamiento se trasmite por el espacio. Es como una radio que transmite a perpetuidad. Y no me vengas que “la culpa la tienen ellas. No, señorita.
Hay algo en tí que provoca que ellas se equivoquen. Y lo de tu novio igual. Son los Manes. Tienes tal novio porque no te mereces otro mejor. Tu vas y vienes con los Manes irritados. Crees que ellos, cuando estas a punto de cometer una tontería te lo avisarán ? Y, si te dieran el aviso, escucharías tú esas vocecitas?
También fuí joven. Lozana y rozagante. C ierta vez iba viniendo con mi cacharro lleno de agua sobre la cabeza y me deleitaba con las nubes rizadas que lucía el cielo esa tarde, cuando una vieja muy vieja y eternammente ociosa ,que estaba sentada en su banco de piedra, dia y noche, noche y día como cumpliendo un extraño misterio, exclamó: “Vaya Muchacha! A tí si que nunca te ocurrirá cosa mala, porque vas cuidada de todo un ejército de Manes!!” y seguí caminando con mi cántaro sobre la cabeza. Miraló. Ahí lo tienes. Sentadito sobre su base y muy juicioso. Porque hasta hoy no se rompió.-
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