LA INFLACIÓN


Don Nicolás era un ex soldado lituano, que luego de la Segunda Guerra Mundial y tras múltiples andanzas logró radicarse en un país que lo mires por donde lo quieras ver, te seducen sus campanillas de futuro. Así se convirtió en nuestro vecino. Con dinero prestado por un familiar, se compró dos parcelas de tierra y se plantó una modesta prefabricada que les albergó varios años.
Nicolás estudiaba un segundo año en Ingeniería cuando la guerra lo atrapó para enviarle al frente.Cuando la contienda acabó, le sucedieron simultáneamente infinidad de hechos, desde enamorarse, contraer matrimonio y convertirse en padre . Siguió enganchado a la actividad militar hasta que se dió cuenta como se iba complicando todo a su alrededor y decidió emigrar.
Tenía unas pocas nociones de carpintería y diseño de muebles. Pero realizarlos , convertirlos en obra cumplida y terminada, era otra cuestión . Puso un aviso en el diario local solicitando un carpintero con gran experiencia, y quien se presentó fué un vecino, que vivía a pocos metros de su prefabricada. Un galaico padre de diez hijos, cuya mayor experiencia había sido fabricar ataúdes en su pueblo.
Ambos hombres formaron una verdadera carpintería. Era una época de prosperidad, donde la gente quería amoblar sus hogares según las modas que veían reflejadas en la pantallas del cine o copiando los diseños que admiraban en las grandes mueblerias de la zona céntrica. De pronto había como un furor que arrancaba con la primavera en las zonas turísticas del país. Alguien les encargaba 200 sillas vienesas! 200 camas turcas. Y según pasaban los dias los pedidos de muebles se iban multiplicando. Hasta su mujer se ocupaba de lustrar los muebles!
Para cuando Don Nicolás se lanzó a construir su casa de material con taller de carpintería al fondo, su oficial carpintero, el galaico, ya estaba terminando de construir su unidad de usos múltiples, para albergar a los 12 que eran de familia.
Progresaron a la par.Don Nicolás, en su expresión lingüistica, mezcla de galaico y castellano, con algo de lituano , decía : “Se lo debo todo a Manuel. Manuel no solo es mi mano derecha. Es mis dos manos “ .
A la vuelta de una década , la suerte quizo favorecer a Manuel. Se ganó el Premio Mayor del Gordo de Navidad con un entero que había adquirido. Les hizo regalos a todos sus hijos, se compró uno de los primeros turismos que salieron a la venta para pasear con la familia y el resto del dinero lo puso en una cuenta bancaria. Y se premió a si mismo después de tantos años de esfuerzo, dejando de trabajar . Mas feliz que un pájaro sin cola.
Pasaron unos cinco años. Recibe Manuel una carta con membrete del Banco. Le comunicaban que se hiciera presente a fin de abonar la suma de tanto, caso contrario procederían a cancelar su cuenta.
-¿Cerrarme la cuenta ? Están locos! Si yo les he depositado millones !! Debe ser un error!
Y allá se fueron él y su mujer hasta el Banco. Y así se enteraron - por el mismisimo Gerente de la sucursal - que la inflación les había llevado todos sus ahorros . No les quedaba nada. Ni un miserable centavo.

Comentarios

ANITA ha dicho que…
HOlaaaaaaa en cuanto venga de rehabilitación y haga mis cosas te leo que me he perdido mucho por estar echa un asquito estos días, voy poco a poco de visita, aún tengo alguna molestia.
Por cierto no se porqué en mi blog no actualiza tus entradas.
Besotes

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