EL FOLKLORISTA





¿Que dónde le conocí ? Imposible revelarlo, shico, porque entraríamos en el plano de la publicidad. Y para que engañarnos ? El Folklorista es alguien que tanto puedes conocer a la vuelta de la esquina, como en uno de esos callejones sin salida que abundan por las Europas.

Era un día de tantos, de esos que vas con tu Mujer mirando vidrieras y de pronto algo te atrae de un escaparate. Pero allí no había nada. Excepto un cartel de esos que parecen de otro siglo, con fileteados y detalles de flores y pájaros, y en el centro de esa laguna de colores el anuncio era: LA CASA DEL FOLKLORISTA .
Y nuestro asombro, que por la antigua puerta, pequeña y lustrosa, entraba y salía gente muy ufana con paquetes de diverso tamaño.
Entramos. Tomamos el número correspondiente y mientras nos resignábamos a la espera fuimos mirando.¿Qué se ofrecía a nuestros ojos ? Cajas . Bonitas cajas. Misteriosas cajas de diverso tamaño. Lo mas elocuente estaba en el aire. Había un aroma de anís en grano, del curry que se llama “Colombo” , de chocolate, de agua de azahar , de picadura de tabaco holandés para fumar en pipa, de hierbas orientales y quien sabe cuantos otros aromas.
Era posible que allí mismo no hubiera ni tan siquiera un gramo de aquellas substancias, pero sí lo estaban en nuestra ardiente imaginación. Vimos a una señora mayor pedir un juego de naipes franceses cuyos símbolos nos eran desconocidos. Tenian figuras egipcias bellamente iluminadas por finos esmaltes. Eran un sueño inenarrable sobre el que ella extendía una abierta caricia encerrada en el secreto de sus guantes. Un hombre joven susurró algo y vimos como el dependiente le hacía ver una bota de cuero para contener vino. Alguien abrió una caja y de ella una mano experta elevaba unos finos pañuelos bordeados de vainillas italianas como los que usaban nuestras abuelas , con filstiré y anagrama.
Aparecieron las cajas de bombones de nuestra infancia. De verdadero chocolate con alma de cereza. En el mostrador del fondo alguien estaba mostrando un salame de Milán, con sus celofanes en diagonal y sus logos con la bandera de Italia. Los quesos de tetilla envueltos en las blanquísimas láminas de un papel entre opaco y transparente. Por ahí alguien quiso ver muñecas de porcelana de la Selva Negra, con los trajecitos típicos de las aldeanas. Pinochos, los auténticos pinochos con su sombrero alpino. Minúsculas botellas de ron,whisky, curaçao, pippermint, mistela , champagne, chianti. Tortas galesas . Budines de Budapest. Higos de Smirna. Tés de Ceylán, boinas de vasco, corbatas de seda natural traídas de Croacia. Lentes con antiguas armazones de oro, brazaletes , habanos de la mismísima Cuba, parches de pirata, sahumerios de la India. Teteras del antiguo Japón y confituras con pétalos de rosas.
Había más, mucho más , desde babuchas del Imperio Persa hasta botas de cabritilla de los gauchos de las pampas. Collares de caracolas y coral, perlas de las formas y tonalidades mas extrañas. Y en el centro de aquél paraíso de los mundos reencontrados, un pulpo enigmático que nos clavaba la mirada como arrancándonos el Alma.
Estábamos en un estado de éxtasis , de orgasmo celestial. Mi Mujer y yo flotábamos como los enamorados de las obras de Marc Chagall.
Quien sabe qué pedimos y el dependiente no lo trajo. La sorpresa vendría unos instantes mas tarde, cuando nos hicieron pasar por un largo corredor , iluminado con bellos antorchados de hierros forjados al final del cual, estaba él : el Folklorista.
Sentado en una especie de trono, tapizado en rasos franceses de un profundo rojo. Vestía un impecable traje blanco y debía pesar, lo menos , 180 kilos.
Mi Mujer dijo que era un hombre hermoso . Tenía bellas facciones orientales, enmarcadas por el cabello negro y peinado al estilo de los sumos, con una la mirada como de terciopelo. Con un gesto de su mano derecha nos indicó donde depositar el dinero.
Me dáis lo justo ?- preguntó.
Fué la única vez en la Vida que ni mi Mujer ni yo, supimos responder.

Porque regresar a los aromas y los recovecos de las infancias de al menos tres generaciones excede todas las cifras . Además de las palabras. -

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
¡¡Qué bonito relato!!.Me he ido casi directa a esos aromas,esos recuerdos exquisitos de la infancia;el azahar,el aroma del café en ese molinillo de mi abuela,las cajas de cartón antiguas de mi madre,regalo de su abuelo,esas maletas de piel rusa con ese aroma de mil viajes...Porque,cómo tu bien dices,regresar a los aromas y los recovecos de la infancia al menos de tres generaciones excede todas las cifras..Además de las palabras.

Gracias.

Muchos besos y abrazos,
Reyes
Anónimo ha dicho que…
Reyes:Los recuerdos,la imaginación nos salvan.Todavía ...
Un abrazo.

Beatriz.

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