miércoles, 15 de junio de 2011

FERNANDO BOTERO



Cuando se tiene la oportunidad de apreciar las obras de Bottero, mas allá de sus concepciones estéticas , van surgiendo ante uno esos seres rotundos , felices y transparentes de nuestra América .
Hay que haber caminado mucho la tierra americana, hay que haberse dejado calar hasta los huesos para dar el verdadero testimonio no desde lo visual, sino desde la magnitud de los seres . Desde su gracia y complacencia.
En la obra de Bottero está la Humanidad, mas que con el cuerpo, con el alma mecida en un eterno Edén, mas allá de las tumbonas y de cualquier excusa propiamente burguesa, para darse en compromiso de vida.

Colombia -. ya lo dijimos en otra oportunidad, cuando les presentamos a Nadin Ospina, otro grande del arte de Colombia - se nos ha hecho universal por el mismo Gabriel García Márquez, pero también por estos hombres que vibran con el color y las formas, y nos van pintando y moldeando la América profunda, desmesurada, bárbara y digna a la vez, donde todos los tiempos se conjugan desde la tierra misma, sus piedras, sus verdores, sus selvas y desiertos.

Es verdad que vivimos en un realismo mágico , que nos viene en la sangre de ese perpetuo mestizaje milenario. Aquí se conjugan los sueños orientales de unas Indias que fueron nombradas Occidentales, que nunca se sabrá cuándo ni por cuantas puertas nos llegaron esas gentes de ojos achinados, pero aquí están desde Alaska a la Tierra del Fuego, con sus imperios verdes, avanzando. No importa cuantas veces nuestros abuelos cruzaron el Atlántico, con la excusa de Cuba o de las tierras allende el Rio de la Plata. Hay una identidad sudamericana aquí presente . Esa mezcla de soledades y virtudes , de amores e indiferencias tan sutilmente laboradas por los siglos ,que se han hecho rotundas y sólidas como las obras de Bottero.

Habrá quien señale la “exageración de las formas” . Es que así es nuestra América . En la riqueza y en la pobreza . En la misma ceguera de sus pueblos que una y otra vez eligen para presidir sus gobiernos esa figura que Bottero “ ha cincelado : Torso Masculino” , hercúleo en sus músculos , pero sin brazos ni cabeza .

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Beatriz:

Preciosa entrada. No sólo por la verdad de fondo sino por esa mezcla de culturas que amo,tal vez ignorante de muchos detalles pero en la piel y en mi corazón a través de los creadores latinoaméricanos.

Botero me ha perseguido toda la vida,bueno,desde que ha hecho exposiciones por las calles de este mundo. Así en Paris estaba en los Campos Eliseos,en Chicago frente al museo de pintura y etc,etc,Me debe perseguir su Humanidad,recordándome que esos volúmenes miden el peso del ser humano,de la importancia de nosotros,de todos.No pasa desapercibidas esas culturas,pinturas.
Pero me persigue también ;Borges,Benedetti,Galeano,Garcia Márquez,Neruda,Vargas llosa,César Vallejo, César Pelli,Sábato,Córtazar ,Ernesto Cardenal y...tantos y tantos que han dejado tanto y tan bello!!!.

Bueno,y tu misma Beatriz, un granito más en esas montañas de grandes autores recreando el mundo,el ser humano,la vida,los sueños......magia con realismo, realismo tan necesitado de la magia de esas tierras.

besos,
Reyes

Anónimo dijo...

Reyes: tenemos pensamientos similares.Todos los nombrados estan presentes en nuestras identidades.Somos mínimamente, la síntesis de todos ellos.
En pequeña escala,desde luego.

Un abrazo.
Beatriz.

Rodrigo dijo...

Saludos, Beatriz. Saludos Reyes.

"Alma mecida en un eterno Edén..."
"Mezcla de soledades y virtudes..." "Perpetuo mestizaje milenario..."
"...donde todos los tiempos se conjugan desde la tierra misma..."

¡mmmmm! ¿Raíces de un realismo mágico bien acendrado? ¿Eco rítmico de pensamiento milenario? ¿Expresión de exótica armonía germinada en tierra de leyendas...?

Prosa ejemplarmente americana, Beatriz, digna -como apunta Reyes en su cita de insignes preferencias- de esa que ha dado luz al mundo hispano hablante. Eres hija de tu tierra, sin dudarlo, y bueno, sí, quizás con algo de esa magia neblinosa de las carballeiras galaicas.

Mi admiración por el pulcro y bello destello, y por el corazón que lo irradia.

¡Señoras: a sus íntegros pies!

Un abrazo.