EL BAÑO

Alguien
amablemente nos ha enviado lo que pretende ser un reflejo de cómo
se vivía hace poco mas de 200 años y toma para ello el
famoso Palacio de Versailles. Es verdad que el Palacio carece de
baños, y el mismo Rey Sol la pasó muy mal cuando - invitando a
los cortesanos a vivir en Versailles - debió soportar los malos
olores que pululaban por entre tanta riqueza y exuberancia. Se
cuenta que, era todo un espectáculo ver en horas tempranas, una
larga fila de sirvientes portando cada uno las bacinillas de
sus amos, para volcar las heces en un pozo ciego de las
inmediaciones. No es verdad que los cortesanos arrojaran por las
ventanas sus propios excrementos, porque eran gentes muy
refinadas,y para ellos lo mas natural era que sus asistentes se
ocuparan de los menesteres ya mencionados.
Este
grave problema de los malos olores palaciegos fué lo que
impulsó al rey de Francia a convocar los mejores perfumistas y
pedirles que lograran aromas que disiparan la espesa atmósfera
que pululaba por los salones.Así es como nació la gran
industria de la perfumería francesa.
El
aseo personal ha sido desde la antigüedad muy variado. Desde
Aspasia de Mileto – enamorada de Pericles - que se bañaba en
leche, a ciertos filósofos griegos que sometían cada día su
cuerpo a una escrupulosa limpieza mediante la aplicación de
ungüentos aromáticos, a aquellos que eran capaces de desafiar
el frío y entrar en las aguas del mar, de ríos o lagos,
nuestros antepasados se sometieron a cuanto les proporcionara la
maravillosa sensación de sentirse limpios. El mismo Homero nos
cuenta que los anfitriones, ante la llegada de un viajero a su
casa, le ofrecían los elementos adecuados para proceder a su
higiene personal y aún nos cuenta que le eran ofrecidos
aceites aromáticos y hermosas prendas para cubrir su cuerpo.
En
LAS MIL Y UNA NOCHES hay episodios donde se narra que las
doncellas elegidas por un príncipe o alto dignatario, eran
sometidas largo tiempo al embellecimiento de su piel con
diferentes ungüentos.Tenemos allí también un episodio que
transcurre en un baño público para mujeres, que era regenteado
por una hermosa mujer cuya desdichada historia de amor la
impulsaba a querer conocer las angustias de otras mujeres. (El
macho cabrío y la hija del rey)
El
Imperio Romano a la par que conquistó grandes áreas
territoriales, fue aprovechando los sitios donde existian aguas
termales para la construcción de baños públicos para uso de
sus legionarios y de la gente del lugar , algunos de los
cuales aún están en uso, aggiornados a nuestro tiempo.
Tenemos como testimonio de los baños públicos, las Termas de
Caracalla - actualmente en ruinas - una obra colosal con
instalaciones donde era calentada el agua para los baños a
diferentes temperaturas, destinadas a satisfacer las necesidades
de los habitantes de Roma.
En
la Isla de Creta – cuna del dios Zeus – fueron hallados en las
inmediaciones del Palacio del mítico rey Minos,una batería de
baños con inodoros construídos en piedra y con tapa, también
de piedra, que giraba sobre un gozne, y cuando fueron
descubiertos y se limpiaron esas instalaciones, aún funcionaban
mediante un sistema de cañerías de cerámica que les
proveía de agua.
Lo
verdaderamente extraño es que, entre la caída del Imperio
Romano y la construcción del Palacio de Versailles, nuestros
antepasados perdieron los rudimentos para realizar los baños
adecuados a las necesidades tanto de las multitudes como de
las viviendas en particular. Aún así, existían tinas de
materiales diversos, predominando las de granito y mármol , que
en la edad media comenzaron a ser realizadas con diversos
metales - como el cobre - por encargo de los clientes. Es
posible que muchas de ellas fueran hechas en fundición, porque
existíeron importantes talleres metalúrgicos donde se realizaron
las obras de arte de los grandes maestros.
Es
de todos conocidos que hasta bien entrado el siglo XX en muchos
dormitorios se hallaban un aguamanil reposando dentro de una jofaina, casi todos ellos de hermosas manufacturas de loza, que
hoy mismo es posible hallar en los mercados de pulgas .
Conclusión
: la Humanidad ha sabido ingeniarse desde los albores de la
Civilización para proceder al cuidado de su cuerpo, y entregarse al agua tal
como el Arte mismo nos lo muestra a través de la Afrodita
que nace de las aguas, una identidad alojada permanentemente en
el elemento primordial.
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Elba