HOLLANDE DE 22 A 7 ( 2 )

Mon ami Pierre me ha llamado nuevamente. Este es uno de los mejores inviernos franceses. La gente está tan entusiasmada siguiendo el episodio de la salida de la Primera Dama de Francia de su internación en un Hospital parisino, que ya ni se les ocurre observar el informe de la meteo.
Los
noticiosos han mostrado una Valerie distendida, suave y
aterciopelada. Se ha instalado como corresponde en un antiguo
coto de caza, conocido como La Lanterne, residencia oficial
destinada a los fines de semana del Presidente y su familia . Fue
aquí mismo donde Sarkozy, el anterior Presidente, pasó su luna
de miel con Carla Bruni.
París
es una
catarata de rumores que circulan por twiter, por teléfono, por
las radios AM , en fin, cualquier medio es bueno para estar
enterado de los amores desventurados del Presidente y la actriz.
Cualquier ciudadano francés no puede dejar de considerar el
comportamiento de Hollande ventilándose por todo el Planeta.
Por
un lado es una satisfacción que el Orbe se ocupe de los
amoríos del presidente galo. Que el nombre de Francia circule
de polo a polo . Hay que decirlo: la gente se siente como
parte de una patriada libertadora, donde nadie – absolutamente
nadie – se opone a la vida privada del primer mandatario.
Con
frecuencia se oye decir a algunos locutores y presentadores: “
Disculpe Ud. No puedo opinar” o “No soy amigo de lanzar
opiniones” .
La
verdad es que lo seres humanos somos proverbialmente
vulnerables. Ninguna persona y mucho menos un Jefe de Estado
está a salvo de ser alcanzado por las certeras flechas de
Cupido. De más está decir que alguien con tanta
responsabilidad sobre su persona, debiera haber extremado la
prudencia que estas situaciones merecen.
Se
ha sabido que , mas allá de ser acompañado por alguno de sus
guardaespaldas en sus escapadas para encontrarse con la actriz,
cuidando de no llamar la atención viajando por su cuenta a bordo
de una Harley Davidson , el nidito de amor había sido cedido
en préstamo por una de las mejores amigas de la Gayet.
Entre
nosotros , no queda bien que todo un Jefe de Estado de una
potencia como lo es Francia frecuente un “pisito de soltera “
y para “mejor” prestado para estos encuentros. Queda muy sin
estilo presidencial.
Luego,
Hollande carece de perspicacia. ¿En que cabeza cabe que,
siendo su compañera sentimental desde hace 14 años la
periodista Valerie Treirweiler , - que pertenece al staff de
nada menos que el París Match - su affaire con la actriz
podría pasar desapercibido? Eso nunca !
Se
piensa que Hollande le debe las tres cuartas partes de su
triunfo como candidato presidencial tanto a Segolene Royal., la
madre de sus cuatro hijos como a Valerie, dada su relación con
los medios de la capital parisina.
La
imagen que de Hollande se está plasmando no es positiva. Es
cierto que se puede respetar la vida privada de un gobernante.
Sin que ello signifique admitirle que sus intereses personales
soslayen los deberes y obligaciones que como mandatario le
corresponden.
¿Cómo
queda Francia en estos momentos, en que la agenda de Hollande
tiene programada una visita como Jefe de Estado a Washington
y le estan reclamando el listado de las personas que le
acompañarán ?
No
queda bien que el Canciller explique al Embajador de los
Estados Unidos que el Presidente está pasando por un conflicto
sentimental y no sabe muy bien como resolverlo, y como dicen
los chinos, no sabe bien a cual de las dos santas vestir, ni
cual dama será la que finalmente Monsieur Le Président elija
para su viaje !!
Foto: Frankreichs First
Comentarios
Muchas gracias por tu visita a "Días intensos". Vuelve cuando quieras.
¿Ha pasado ya el toro? ¿Se perdieron ya las ominosas y agudas velas hendiendo el aire como cuchillos? Pues entonces, ya salgo de mi escondite, todo valiente, para torear el polvo de la estela levantada por su pezuñas.
En cierto está modo, esto de demorarse... da tiempo para ver cómo la vida se retuerce sobre sí misma, cómo realiza insospechadas (¿?) piruetas, y aterriza allá donde se suponía que uno estaba antes de saltar al vacío.
La grandeur no está en peligro (bien sûr!), porque "La Grandeur" nunca existió, fue un mito generado al socaire de un Rey Sol, un Emperador con "la paille au nez" y un Segundo Imperio que se canibalizó a sí mismo hasta parir un régimen parlamentario. Francia es la Revolución, siempre lo fue y siempre lo será. Una Revolución cainita sedienta de abeles mojigatos, a los que masacró sin piedad. La Grandeur de Francia radicó más en su afán de libertad que en sus ejércitos victoriosos. Y de esa grandeur, creo yo, es un ejemplo monsieur Hollande, y su compañera, y su amante. Pero no los aviesos correveidiles que han metido sus narices de hiena donde era tradición no meterlas. Esos son los que socavan esa grandeur que está a buen recaudo en el "alma de lo francés".
Monsieur Hollande no ha hecho sino seguir la tradición. Lo que ha cambiado es el mundo alrededor, los franceses de pacotilla y calderilla, esta deriva mediocre y "mediocrizante" que arrambla con todo en pos del cotilleo y el pasteleo con fines monetaristas.
Sé que remo a contracorriente, que no parece imagen muy edificante ver a todo un presidente de la República Francesa calzándose el cráneo, no con el soberbio casco del dragón de gala, sino con el del discreto motorista. Pero es que, amigos míos, eso es Francia: manejar con soltura las cosas de estado y las del boudoir, saltar de unas a otras con la facilidad que sólo un francés puede mostrar.
Y a la grandeur francesa no hay que aleccionarla sobre cómo es capaz de separar una faceta de la otra. A monsieur Hollande le crecen los enanos. No se le perdona que no tenga plata de dragón de gala (o de engreido Giscard d'Estaing, o de intimidante Mitterand, o de enano recrecido Sarkozy).
¡Pero si monsieur Hollande encarna la grandeur más auténtica, la más genuina, la más liberal! Para prueba, ahora que el toro ha pasado, es ver cómo madame Trierweiler quería perdonar las veleidades escapistas de su marido, Le President. Cosa que parece imposible, pues el plato roto es de difícil composición sin que se noten las líneas de ruptura.
En fin, que para intentar salir con bien del fregado en que me he metido, por pretender defender a monsieur Hollande, no añadiré más que, al fin y al cabo, monsieur Le President no ha hecho sino anteponer su buen gusto (tan francés y constitutivo de la verdadera Grandeur) a las "obligaciones" formales, tan frecuentemente hipócritas (como en EEUU), que se suelen exigir a un gobernante.
Ah, y no crean que madame Trierweiler no sabía lo del affair de su compañero. Lo que más le ha dolido es el escarnio, el que los focos revelaran que su frente no estaba lisa como la palma de la mano o el culito de un bebé, sino que lucía lustrosa y ramificada corona de muchas puntas.
Lo de siempre en estos casos,
vamos.
Agradeciéndote de nuevo, como es mi costumbre, la oportunidad, recibe un abrazo, Beatriz, extensivo a todos cuantos en este santo espacio se demoren.