AURELIANO

Homenaje a Gabriel García Marquez.
Justo en la media mañana del Jueves Santo, Aureliano estaba tocando el timbre en la puerta de la viuda, y en cuantito se asomó la niña le dijo apurado: “Llámeme a su Mamá “ , y la niña le cumplió la orden.
“Venía
de paso y le vengo a ofrecer cortar la maleza “ . A la
viuda se le iluminaron los ojos, y le franqueó la entrada.
Después de casi una hora de rugir el motor de la bordeadora,
la maleza había caído bajo la cuchilla y el terreno había
recobrado parte de su antigua belleza.
Aureliano
lió sus petates, se despidió como era su costumbre cuadrándose y
haciendo una venia militar, y se fue raudamente con su viejo New
Ford Victoria 1933 por la calle inundada del sol del mediodía.
Madre
e hija tomaron las viejas escobas y barrieron el patio y los
senderos que llevaban casi hasta el final del predio. Volvieron a
recuperar los plantines de orégano, la timidez de la menta, las
flores en racimo del níspero.
Hasta
el colibrí se hizo ver semi suspendido junto a una flor de
hibisco.
Los
perros husmeaban la hierba. Copiaban los unos a los otros la
inspección del lugar. Años que ningún emplumado imponía sus
cantos matinales a la vecindad. Eran ausencias que la viuda
atesoraba en algún lugar ya lejano de su propia infancia al igual
que los aromas de los jardines de su madre, que seguían allí con
sus múltiples lazos jugando con las penumbras del follaje.
Cuando
se decidieron a consumir el almuerzo, miraron por la vieja
pantalla de un televisor las noticias.
García
Marquez había exhalado su último aliento.
“Por
algo el mismo Aureliano nos ha venido a derrotar la maleza!” -
pensó la niña - “ Para que García Márquez se fuera
tranquilo de sus tierras.”
Comentarios
Un saludo.
Bello y apropiado homenaje al genial fabulador de Aracataca. Como todos los verdaderamente grandes, se fue sin hacer ruido. Ya bastante fragor ha dejado impreso en las mentes de todos cuantos le leímos, y cuantos aún le habrán de leer. Fragor y melodía, no música callada, no. Estrépito de buena literatura, algarabía de personajes, estruendo de almas, si no solitarias, sí singulares, entonando sus fantásticas vidas como si fueran alabanzas a los antiguos dioses que nunca se fueron del todo.
Tantos y tantos le deberán tanto a este taumaturgo de la palabra, que seguro se fue rico, con las espaldas bien cubiertas de crédito por pagar, y de cariño por expresar.
Sea el mío, desde el tuyo, Beatriz, un homenaje admirativo, sí, pero también sanamente envidioso (si es que la envidia puede ser sana; que más bien pareciere un contrasentido): no hay labor más excelsa en esta vida que contribuir a tejer la túnica maravillosa que la poesía supone para el mundo, una túnica con la que cubrir sus vergüenzas al tiempo que resaltar sus más voluptuosas formas.
No descansará en paz el poeta, que aún tiene mucha guerra que dar en mentes y corazones.
Se nos fue Gabo, el hombre, y nos dejó su universo pletórico de personajes.
Celebremos lo que en él hay de inmortal, que, al hacerlo, lo inmortalizaremos.
Como siempre, gracias, Beatriz, por dar pie.
Un abrazo, literariamente jubiloso, a todos.
Beatriz.