PRINCESAS TENSANDO LA CUERDA








Había una vez una Princesa de uno de esos reinos que pasan por fabulosos por las tantas riquezas acumuladas por los antepasados pero, que si uno se pone a alinear los números como corresponden, resulta que a los tales reinos ya ni fábulas les quedan, a causa de que todos ellos se encuentran colapsados por coyunturas ruinosas, por culpa de haber jugado grandes fortunas en uno de esos Casinos al estilo Wall Street que tan de moda se habían  puesto en algún siglo.
Lo cierto es que la Princesa era mujer de pasearse por Universidades y Bibliotecas y ya estando a punto de contraer nupcias con un guapísimo hombre, se las ingenió para convencer a su padre - el Rey - les adjudicase cierto título nobiliario que hiciera del consorte uno de los pares del reino. Así fue.
Iniciaron pues sus lazos matrimoniales por lo más alto y florido del reino, con sus carrozas engalanadas para la ocasión y pronto se instalaron en una de esas mansiones señoriales a las que no les faltaban botones ni censores electrónicos para convertir al instante cada deseo o capricho.
La verdad es que, la mansión que guardaba a sus encantadores dueños, había sido comprada mediante una hipoteca promocionando los “créditos blandos”, pero aún así, y tratándose de una Princesa, el no acaudalado esposo se vió en la necesidad de obtener importantes sumas de dinero vendiendo por donde era posible portadas de semanarios, afiches publicitarios, y anche ganando alguno que otro campeonato de los de tennis de mesa, o posando con los numerosos barones del reino que pugnaban por ascender algunos escalones en las diversas Diputaciones donde se proclamaba era mejorado día tras día el bienestar de la gente. O sea que, popularidad no le faltaba. La tenía a raudales y de todos los colores.
Bebía el principesco consorte un Black Ivory Coffee llegado de las colinas de Tailandia, cuando su amigo mas amigo, hombre versado en las leyes del reino - que además dominaba las trampillas que las leyes nunca admiten de forma escrita – el cual, observando las euforias del consorte , le fue revelando los procedimientos para ingresar en un sistema de Invisibilidad, que solo los muy eruditos conocen.
A partir de allí se vio al esposo propiamente dueño de una varita mágica con la cual convertir en oro cuanto tocaba. Ingenioso como era, se dio a la tarea de pergeñar más y mas eventos para proporcionar inolvidables fiestas y torneos de los lanza y caballo que superaban lo conocido hasta entonces.
Hasta que una mañana ingresó un funcionario de los que controlan las recaudaciones impositivas en una de las Diputaciones mas remotas del reino, y halló no un libro apócrifo, sino toda una librería de libros apócrifos que detallaban el Sistema de Invisibilidad que un tío muy listo se inventara.
Al enterarse la Princesa de los descubrimientos del funcionario, puso el grito en el Cielo y movió vaya a saberse cuántas nubes , hilos y títeres en los lindes de los reales palacios.
En eso estaba cuando el Hada Madrina, disfrazada de vendedora de perfumes llegó a su presencia, y le dijo: “ No confíes en los leguleyos del reino. Hay un solo modo de salvar la situación: acude ante el Juez a cuyo dominio ha caído la causa y muestra tu arrepentimiento . Dile que te pones a disposición de la misma Justicia para echar luz sobre este asunto de la Invisibilidad” .
Las palabras del Hada Madrina no le convencieron. La Historia siguió su curso. Su padre, el Rey abdicó. La gente comió los panes secos, bebió el agua contaminada , y los hombres dejaron crecer sus barbas y cabellos, porque los peluqueros del reino emigraron hacia otros continentes.
El nuevo rey, aunque fue muy cauteloso sobre el extraño asunto, se vio urgido por los pares del reino a cancelar el título nobiliario y en el interin de una noche y una mañana – como cuando ocurrió el hundimiento de la Atlántida - la misma Princesa envió su renuncia a los tales títulos . Ahora se discute quien actuó primero y quien segundo, como aquel viejo sketch que se le atribuye a Groucho Marx.

Comentarios

Rodrigo ha dicho que…
Hola, Beatriz. Hola a todos.
(A toro muuuuuyyyy pasado)
¡Cielos! ¿A qué me suena esta historia? La encuentro familiar... pero no acabo de ubicarla... ¿será de una pesadilla reiterada? ¿la habré visto en algún film de papel couché? ¿leído en una revista rosa rosa? mmmmmmmmm...
Pues no, que no caigo. No doy con ella. Serán cosas de la edá, que ya no respeta ni la memoria.
En fin... Aunque yo diría que... El caso es que me suena mucho... No sé, no sé...
Un abrazo a todos.

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