miércoles, 10 de diciembre de 2014

A OCHO MINUTOS DE MADRID




A mí no me gusta ser un ladrón y seguir así de sucio, yo quiero trabajar limpio y coger mi dinero para mi casa”. Habla uno de los 298 niños que viven en el poblado chabolista El Gallinero (Villa de Vallecas). Una infancia nómada entre deposiciones, basura, ratas, serpientes y una violencia extrema que tratan de evitar inútilmente. La ONG Save the Children y la Universidad Pontificia de Comillas presentaron ayer un informe en el que equiparan la situación de este enclave, a 12 kilómetros del centro de Madrid, con la que padecen las poblaciones de países africanos como Nigeria o Etiopía.”

En El Gallinero hay 298 niños que malviven como en Nigeria o Etiopía”
Luis Javier Gonzalez – Madrid, 9/ 12 / 2014
El País, versión digital.



No es la primera vez que nos ocupamos en este blog de EL GALLINERO, como se le conoce a este asentamiento ubicado en Villa de Vallecas, Madrid.

Los integrantes de este asentamiento no son hispanos. Padres y niños proceden de Rumania. Alrededor del 78% de sus habitantes son adultos en edad de trabajar, y se los considera analfabetos funcionales.

Los asistentes sociales que han investigado la situación de estas personas nos indican que 13 de 95 familias reciben la Renta Mínima por Inserción, una suma equivalente a 484 euros y otras 14 familias la han solicitado .

Las parroquias de la zona encargadas de efectuar el reparto de alimentos, lo realizan dos veces al mes. Estas familias” estan completamente aisladas, a 35 minutos de los servicios públicos” , manifiesta el Director del Instituto de Familia de la  Universidad, Fernando Vidal.
No solo la situación se agrava por el hacinamiento de las viviendas, sino por la escasez de agua, ya que existe un solo lugar para aprovisionarse de agua para toda esta comunidad. Son los niños quienes se encargan de transportar a diario los bidones de agua. Tampoco tienen servicios de recolección de la basura, por lo que la zona se halla infectada de desechos, roedores y toda clase de alimañas.

Lo que sí hay que destacar los altos niveles de escolarización y asistencia a clase por parte de los niños de EL GALLINERO. Lo cual es posible dada la colaboración de voluntarios que brinda “ apoyo escolar en un barracón del enclave “ lo que contrasta con la criminalidad latente en la zona.

Debemos señalar por nuestra parte que las familias de estos 298 niños, proceden de Rumania, país que formara parte de la órbita de la desaparecida URSS y que fuera gobernado entre 1974 y Diciembre de 1989 por Nicolás Ceauçescu. No se trata de personas que desarrollaron estudios en escuelas de Artes y Oficios, ni se graduaron en Universidad alguna. La miseria ha sido la constante tanto de este grupo de familias, como de otros del mismo origen. Si han elegido quedarse en España es porque dentro de la paupérrima situación de esta gente, digamos que la Gracia de Dios les ha inclinado a permanecer aquí.

Convengamos que llevar a este grupo humano a vivir no digamos en el siglo XXI, sino al menos en el último decenio del siglo XX no es tarea fácil. En primer lugar porque se debiera destinar un grupo de expertos en guiar a los adultos a desarrollar aprendizajes para luego dedicar su tiempo y esfuerzo a un trabajo digno que cambie sus hábitos, y les haga madurar en muchos aspectos que hasta ahora ni siquiera ellos han percibido.
Lo ideal sería organizarlos en talleres para despertar su interés en alguna actividad productiva, siempre guiados por personas expertas en este tipo de situaciones. Lo primero que hay que rescatar es la auto- estima, la valoración que se debe a si mismo cada ser humano.

Es cuestión de mucha buena voluntad, de mucho diálogo y de ofrecer a esta gente proyectos que les motiven para integrarse de un modo positivo a nuestra sociedad.



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