PERFUMES

Se
quejaba Doña Soleá , de que se tiene un gato racista.
De
no creer! Ocurre que uno de los hijos de nuestra vecina es un
músico de profesión y en su casa se juntan algunos de sus
colegas a ensayar sus temas . La primera vez que el gato
mostró sus “virtudes” fue meando muy orondo el estuche de
un Violoncello que no quieran uds. saber la pasta que cuesta
tan solo el estuche!
¿Quien
tiene que solucionar estos avatares? La anfitriona del
gatuno. La segunda vez que se mandó la hazaña fue contra el
estuche de un Contrabajo, el cual además va enfundado para
proteger el estuche. Venga Doña Soleá a ocuparse del asunto.
Nos
cuenta que si por limpiar los pises de sus gatos le cayera
un dólar, este año podría ir de vacaciones a San
Petersburgo. Imaginaos…
Ayer
un músico de los que acostumbran amenizar los bailes
folklóricos,y van de pueblo en pueblo aprovechando las
fiestas patronales, le ha pedido al hijo de Doña Soleá si
le permitía guardar en su garage un par de parlantes y una
amplificadora.
El
hijo músico de nuestra vecina de inmediato le ha dado su
venia.
Llega
el hombre, ya a una hora próxima al descanso en que la señora estaba arrellanada en
su sillón preferido, en chinelas , mirando la tele. Y el músico
se le aparece con sus petates musicales, negros los tres!
Y
la vecina se puso mal.
-
¿Qué
me trae usté a mi casa ? Que no sabe que aquí no se pué
alojar cosa negra alguna?
El
hombre la mira sin comprender.
-Que
mi hijo es mú generoso, lo sé. Y le ha dao permiso pa traer sus
cacharros. El caso es que en esta casa vive un gato racista: se
mea cuanta cosa negra se le plante ante sus ojos. Allá Ud. se lo
advierto! Le recibo sus equipos, pero no se queje luego del
perfume con que se irán impregnáos!
Foto:www.absolutnoruega.com
Comentarios
Es lo que tiene la territorialidad. Y más en un felino. Una vez bien impregnados los límites de su territorio habitual (véase la casa donde habitan), no aguantarán intromisión alguna que no se lleve su correspondiente "rociada" de personalidad. Y sí, el pipí de gato es un perfume la mar de característico, tanto que incluso figura como uno de los matices descriptivos de ciertos vinos blanco en sumillería (no siendo un matiz en absoluto negativo, mientras no sea preponderante).
La territorialidad que suelen marcar los machos, off course. Porque son ellos los encargados de velar por la inviolabilidad del predio familiar. Sí, yo también, en cierta ocasión me llevé su odorífero "regalo" en un barbour de paño que ingenuamente dejé en el respaldo de una silla, sin tener en cuenta que mi maestro tenía un enorme gato macho, también atigrado en gris, como ese de la foto de la cabecera, Beatriz, que tenía el nombre de "Neko" —gato en japonés.
Y no sólo los carnívoros —la cima de la escala depredadora—, sino en todos los órdenes de la vida —y no sólo animal—, se da esa pugna competitiva por el territorio. Lógico, cuando éste, es el que provee de sustento y cobijo al clan. Da igual que esté domesticado y el gesto sea gratuito e innecesario. Millones de años de selección natural no se pueden cambiar en unos mile de años. Ni un impulso genético esencial para la supervivencia de las especies puede variarse sólo por el hecho de que la humanidad se haya metido por medio.
Una cosa es la humanización —cuya influencia recién comienza— y otra bien distinta la natural selección que se está llevando a cabo desde los orígenes del tiempo (o, al menos, de la vida).
Seguro, Beatriz, que algo hay de ese íntimo "pudor impuesto" en este post, procedente de tu propia experiencia. Me atrevería a apostar una valiosa cadena de ADN en ello.
Gracias, como siempre, por traer la sugerencia de la experiencia.
Un abrazo a todos.