domingo, 14 de agosto de 2016

PERSONAJE DE NOVELA

¡Qué Destino!! Que quieren que os cuente lo que no me atreví a contar en mi última novela – se quejaba cierto escritor en una reunión de esas que no son familiares, pero que al fin, luego de unos cuantos buenos vinos, se termina siendo tío de unos, y suegro de otros.

Cuente, cuente ! “ Rogaban unas señoras de edad imprecisa.

Bien, bien … Habré de sacrificar el secreto , contestaba el novelista a su audiencia.

Aquí donde me veis mis obras han obtenido sendas Fajas de Honor , y los primeros premios en certámenes varios. El personaje de mi novela ya lo conocéis. Las malas lenguas dicen que nos parecemos en mucho: somos unos Narcisos reprimidos. Unos malos chicos bien mantenidos por nuestros padres, de esos padres que te cumplen todos los caprichos no precisamente por imperio del amor filial , sino mas bien para que se sepa en las altas esferas sociales eso mismo: que han vivido concediendo a sus hijos hasta el menor de los caprichos.

 Con deciros que hasta un pony pude tener durante un verano que pasamos en la vieja casa familiar cercana a la playa. Que si mi personaje existe , en fin, ya eso ingresa en las ecuaciones de la metafísica. Lo cierto que algo hay de pudor impuesto en cuanto escribimos. Son necesidades como cualquier humano las tiene jornada tras jornada. En verdad el tío éste de mi novela es neutro. Ni bueno ni malo. Gusta hacerse ver con las mas bellas damas que su neutralidad misma arrastra, como para instalar ese tácito letrero de “Don Juan” , que tanto brillo otorga, aunque interrogadas las damas en cuestión, se supo que ni era Don Juan ni siquiera Don.

Pero eso sí, se dejaba atrapar por las damas y sabía tenerlas pendientes de sus zozobras. Llegaba siempre tarde a sus citas y allí mismo entre sus disculpas de ocasión lanzaba sus pretextos: “Dísculpa mia bella Gertrude, me he demorado en encontrarte porque mi Madre - ¿te hablé de ella? - está delicada de salud. El médico que la ha visitado me ha dado varias recetas, y esto ha terminado por angustiarme, porque en mi situación, tu ya sabes, nosotros los artistas, la más de las veces vamos cortos de dinero y ni pensar en cómo voy a obtener la medicación que mi Madre pobrecita, necesita ya mismo , ya mismo !!”

Parece beber otro trago de buen whisky, mira complacido a la audiencia y prosigue:

La dama en cuestión pertenece también a la alta sociedad. Es decir , un bello círculo de personas que jamás pasaron por momentos difíciles en sus vidas, ni saben aquello que signifique estar corto de dinero. De modo que la dama sin más ni más, conmovida hasta las pestañas, abre su cartera de Dior , mueve algo con exquisita elegancia, y extrae uno de esos billetes solo estrenados por las señoras adineradas. Y dice apenas:”Por favor, querido amigo, cuenta conmigo “ y le traspasa el billete con más solvencia que un mago.

Otros diez minutos de consabida calma y efusivos agradecimientos, y nuestro personaje con su mejor rostro atribulado, se despide como todo un viejo caballero, besando la mano de la generosa dama.

Caminadas un par de cuadras, mira con discreción su reloj. En menos de 20 minutos tendrá otro encuentro romántico. Esta vez en la barra de una cafetería bulliciosa, donde acuden las secretarias de los bufetes de abogados más emblemáticos.
Y allí mismo, otra bella y encantadora secretaria, a la que volvía a repetir la triste historia de la precaria salud de la Madre, acaso esta vez con más detalles, porque ya se sabe, alguien que vive en un mundo de leguleyos y jurisconsultos, no cree con facilidad lo que le cuentan. Pero al final, siempre, las damas abren sus bolsos y ponen en tus manitas algunos billetes , para que puedas cumplir como buen hijo . Qué menos!

Cincuenta “novias” llegó a tener este personaje. Cincuenta! No le propuso matrimonio a ninguna, pero qué espléndida vida pudo vivir por varios años, tanto, que fue la envidia de no pocos auténticos señores.

Ilustración: laprensa.mx

2 comentarios:

Adelina. dijo...

Muy bueno beatríz y de actualidad. Esta moda no se pierde, se repite.

Rodrigo dijo...

Hola, Beatriz. Hola a todos.
"Lo cierto que algo hay de pudor impuesto en cuanto escribimos." Y qué cierta es esta aseveración, amiga mía. En todo cuanto se escribe va, se quiera o no, así se pretenda ocultar en toneladas de impostura, el más íntimo pudor, el inconsciente, del todo aquel que se atreve a poner negro sobre blanco en una cuartilla (o una pantalla, vamos).

Bonita semblanza de un modelo repetido en tus historias, Beatriz: el hombre más o menos sencillo, que no más posee un caudal de apostura y simpatía, con la que se baldea en un mundo que suspira por ser querido y mimado (ellos y ellas). Pero claro, hay que saber hacerlo.
Después de todo, como acabo de leer en uno de esos agudos y fantásticos diálogos que pueblan el vasto y elegante universo narrativo de Henry James:

"—...Eres demasiado listo para seguir un oficio.
—Sí, pero no lo bastante listo para vivir del aire."

(La Princesa Casamassina. Henry James)

Así es que bué, uno se tiene que ganar la vida según sus luces le den a entender. Y en este tipo de espécimen eres una maestra consumada.
Divertido y certero "amussement". Como siempre, muy bien abordado. Con esa mezcla de delicadeza y sorna tan femenina.

Gracias, como siempre por la incitación a la sonrisa.
Un abrazo a todos.